“La música creada por humanos sobrevivirá en la medida en la que los humanos sobrevivan como especie a las irrupciones tecnológicas”


Jacobo Calderón es un reconocido compositor, productor, arreglista, director de doblaje y emprendedor musical. Hijo de Juan Carlos Calderón, figura fundamental en la historia de la música popular moderna, ha producido y compuesto 70 discos que han llegado a lo más alto de las listas de ventas, con los que ha vendido más de 10 millones de copias en todo el mundo, recibiendo por ellos un total de 55 discos de platino y 9 de oro. Por estos trabajos ha ganado varios premios entre los que destacan Latin Grammys, American Grammy Nomination o Premios de la Música SGAE. En esta entrevista nos habla de su último libro, El ¿futuro? de la música, una obra donde analiza el impacto que tendrá la Inteligencia Artificial en el sector.


En una época en que la Inteligencia Artificial (IA) es un tema trascendental no existía en nuestra lengua hasta su libro –El ¿Futuro? de la música– una reflexión sobre cómo afectará a la música. La música tal y como la hemos conocido está amenazada según su opinión. ¿Sobrevivirá la música creada por humanos?

La música creada por humanos sobrevivirá en la medida en la que los humanos sobrevivan como especie a las irrupciones tecnológicas. Creo que la cultura es parte de nuestra razón de ser y su paulatina pérdida en favor de la tecnología es una reacción que ya está en marcha dado que estamos ofreciendo nuestras capacidades creativas y cognitivas a herramientas cada vez más sofisticadas. Por lo tanto, en un futuro lejano la música dejará de ser territorio sapiens para convertirse en una verborrea artificial creada de manera compulsiva.

No obstante, en un futuro cercano creo que habrá dos mercados claramente diferenciados: uno en el cual la música estará creada exclusivamente por IA para el consumo masivo, y otra aún creada por humanos para un consumo mucho más concreto y elitista. La música hecha por humanos se va a convertir en un artículo de lujo, mientras que la artificial irá ocupando cada vez más espacio y se consumirá de forma gratuita o por medio de suscripciones de bajo coste.

Habla de la necesidad de regular la música generada por IA frente a la música de personas, lo humano frente a lo artificial. ¿Qué tipo de regulación propone?

Tarde o temprano se tendrán que crear leyes a nivel mundial para proteger el contenido hecho por humanos. La invasión de música hecha por IA va a ser de tal calibre que va a ocasionar problemas como el de la suplantación de la identidad, la sustitución de la cultura por la tecnología o la problemática de las autorías. Propongo crear circuitos cerrados e independientes entre la música artificial y la humana. Han de crearse redes limpias de IA, plataformas que garanticen el origen humano del contenido. Podrían existir sellos de garantía en forma de marcas de agua que nos garanticen a los oyentes que toda la cadena creativa, desde la composición hasta la ejecución de la música tiene un origen humano. También propongo un uso sostenible de las ideas entre los artistas y creativos, es decir, cuidar y compartir aquellas ideas originales de un creador humano y generar a partir de ellas variaciones y contenidos que se viralicen entre creadores y consumidores. Creo que todavía hay que crear una conciencia de arte y creatividad intrínsecamente humanos en la sociedad y en las instituciones. Tenemos que ser conscientes de que existe un riesgo real de que todo se difumine en una gran nube donde ya no se pueda identificar unas cosas de las otras. Es preciso etiquetar y fomentar las creaciones humanas, desde los medios y desde las instituciones internacionales.

Jacobo Calderón y Enrique Bolado en un momento del encuentro en el Colegio de Registradores. Foto: María López Jurado.

¿Está cerca el momento en el que la IA suprima compositores, intérpretes, músicos, cantantes?

La singularidad de la que hablaba Kurzweil efectivamente está cerca. Llegará un momento en el que las máquinas superen ese punto de inflexión en el cual podrán seguir ejecutando sus tareas sin la necesidad de unas órdenes humanas. En el campo de la música tampoco nos vamos a librar de ella. 

Los músicos están ya casi suprimidos en el panorama de la música pop. Desde hace décadas ya casi no aparecen en los créditos de los discos y la música se genera con sintetizadores y samplers. Los propios músicos hemos sido culpables al dejar que nos sacaran el ADN por medio de sampleos de todo tipo. Hoy en día se puede reproducir cualquier instrumento de manera artificial con un parecido asombroso al del músico ejecutante; yo diría que incluso superándolo ya que los motores de sampleo se basan en muestras perfectas. 

Pero no solo los músicos de pop están sufriéndolo. Llegará un momento en el que la propia música culta o clásica acabará sucumbiendo a la irrupción de las tecnologías. De hecho, en el terreno de las bandas sonoras apenas se distingue ya si una orquesta es real o artificial.

Los compositores son los siguientes de la lista. Existen ya diversas herramientas, incluso online, que no sólo proporcionan melodías y letras, sino que crean música de diversos estilos a partir de simples órdenes o estímulos. Los experimentos para componer música de forma autónoma se llevan realizando desde los años cincuenta, pero hasta ahora se han suscrito al ámbito de la música teórica y la aleatoriedad. Sin embargo, la Cuarta Revolución Industrial está posibilitando que ingentes cantidades de información (el famoso big data) se puedan reordenar de manera creativa por parte de una IA. Esta capacidad de reordenar la información no difiere mucho de la capacidad de Mozart para procesar notas en su cerebro o de John Coltrane para crear un sólo de saxo in situ.

En cuanto a los cantantes aún tardarán décadas en ser sustituidos y todo dependerá de la afinidad que el público del futuro necesite tener con ellos. Es posible que las generaciones venideras acepten con naturalidad artistas virtuales que les ofrecerán ventajas frente a unos humanos ya obsoletos por capacidades. A nivel vocal, ya están pudiendo crear voces con aspecto totalmente humano a partir de pequeñas muestras. Este es el principio del fin de los artistas y sus personalidades. Los distintos colores de voz serán procesados y explotados de forma masiva, y el público ya no distinguirá unas voces de las otras.

“La invasión de música hecha por IA va a ser de tal calibre que va a ocasionar problemas como el de la suplantación de la identidad, la sustitución de la cultura por la tecnología o la problemática de las autorías”

Hoy ya hay músicos que no saben tocar instrumentos. ¿El músico del futuro será antes técnico o científico que artista?

Sin duda, tocar un instrumento profesionalmente supone una dedicación de décadas y una recompensa a nivel laboral muy limitada. Las ayudas cognitivas en la composición y la ejecución de sonidos llevan ya tiempo entre nosotros. Los músicos van delegando funciones técnicas relativas al instrumento y van adquiriendo otras más relacionadas con la programación. Al igual que sucederá en otras áreas del saber, el músico y el compositor pasarán de ser personas con una cultura base para encontrar la inspiración a ser gestores de información la cual utilizarán de forma creativa, pero sin tener necesariamente una formación musical ya que las cuestiones como los tonos, las estructuras, y las instrumentaciones estarán ya superadas por parte del programa. Las herramientas ofrecerán al músico al instante una paleta creativa basada en siglos de experimentación sonora y musical y no deberán ser músicos para poder gestionarla. Se basarán en sus conocimientos técnicos.

¿Tiene sentido el “ludismo artístico”, la resistencia frente a la IA?

No tiene sentido ningún tipo de ludismo en tanto en cuanto el progreso seguirá su curso. Sí es preciso protegerse de la difuminación de nuestras creaciones en el magma del big data. Sin embargo, negar a las máquinas capacidades creativas es muy ingenuo dado que nosotros, los humanos, no tenemos la exclusiva de la inspiración y la creación. La creatividad tiene poco que ver con el don divino que muchos le quieren dar para protegerse de la idea de un mundo en el cual podríamos acabar siendo unos parias creativos. Podríamos pasar de ser homo sapiens creativos a homo sapiens asistidos. No obstante, reitero que la clave no está en negar o prohibir, sino en separar claramente lo humano de lo artificial y crear dos mercados y corrientes claramente identificables.

¿Sobrevivirán las discográficas? ¿Cómo podrán hacerlo? ¿Cómo venderán los “artistas humanos”?

Las discográficas sabrán adaptarse porque llevan años haciéndolo y han sobrevivido a auténticas hecatombes. Ningún negocio sería capaz de cambiar el paradigma del paso del analógico al digital como lo hicieron ellas. La facturación cayó un 85% en 10 años pero pronto se volvió a enderezar el museo gracias al modelo de suscripciones. Es cierto que reaccionaron mal y tarde y ahora tienen que compartir el pastel con nuevos actores como las plataformas de streaming. Pero el know how adquirido con las décadas y el entramado de lobbies de las discográficas, a menudo dirigidas por grandes grupos de comunicación, es enorme. 

Es cierto que cada vez tendrán más competencia en tiempos en los cuales cualquiera puede dar a conocer su producto de forma independiente, pero al final serán capaces de absorber el talento tal y como han ido haciendo siempre.

En cuanto al mercado de artistas humanos o artificiales serán los primeros que busquen beneficios adquiriendo IAs capaces de generar contenidos cada vez más ingentes. Experimentarán con artistas no humanos, como ya está sucediendo en Japón de manera incipiente. Crearán redes de entretenimiento donde los avatares y los videojuegos se mezclarán para crear mundos virtuales muy lucrativos. Son los mundos de las generaciones venideras que no tendrán ídolos humanos, serán ídolos virtuales.

Foto: María López Jurado

¿En ese mundo la tecnología hará más fácil la censura y la cancelación en la música, un Gran Hermano de la moral?

Nos podemos adentrar en un mundo donde la generación compulsiva de contenidos cree una gran burbuja que acabe tapando creaciones humanas que no se correspondan con los modelos del momento. Podemos llegar a un momento en el que se cancelen obras por su incapacidad de ser reconocidas viralmente dada su insignificancia al lado de motores creativos impulsados por ordenadores cuánticos capaces de generar arte de una manera que hoy ni siquiera podemos imaginar.

En cuanto a la censura y la moral, puede ser que la libre circulación de contenidos en línea se vea lastrada por cánones morales impuestos por motores autónomos. Podemos acabar con la diversidad si nos sumimos en un mundo políticamente correcto asimilado de forma salvaje por las máquinas y los motores de búsqueda. Podemos llegar a una gran censura industrializada jamás antes vista donde nada estará prohibido de forma explícita pero no será capaz de sacar la cabeza frente al control despiadado del mundo virtual y la proliferación de contenidos buenistas que anulen la diversidad.

“La clave no está en negar o prohibir, sino en separar claramente lo humano de lo artificial y crear dos mercados y corrientes claramente identificables”

¿Qué opina de la generación de voces de artistas muertos?

No es lo mismo hacer un disco póstumo con voces ya grabadas de muertos (yo he hecho varios) que generar voces a partir de muestras de voces de muertos. Sería algo así como sacarle el ADN de un hueso de alguien y clonarlo. Eso ya se está haciendo. De hecho, Paul MCartney, de manera irresponsable, a mi entender, ya ha sacado una canción donde John Lennon está cantando por primera vez, es decir, nadie le pidió permiso y sin embargo su voz está cantando una canción que no existía. Esto es el camino directo para lo que yo decía de perder la noción de lo que es real o es artificial. Las grandes marcas musicales ya fueron en los 60, 70 y 80… Ahora surgirán hijos o secuelas de toda la cultura y los artistas que ya han quedado codificados. A partir de ahora todo serán franquicias de canciones y cantantes previos que tuvieron el honor y el valor de establecer los estándares a partir de los cuales se creará la cultura artificial del futuro.

 

Enrique Bolado