“La felicidad consiste en vivir instalado de forma sana y equilibrada en el presente, habiendo superado las heridas del pasado y mirando con ilusión al futuro”


La Doctora Marian Rojas Estapé, psiquiatra, tiene una sonrisa amplia y acogedora, una mirada inteligente y llena de vida, gesticula mucho y habla con pasión de su trabajo y de sus muchas experiencias, como la que le llevó a Camboya a sacar a niñas de las redes de prostitución infantil y donde aprendió que “sólo se pueden superar los problemas de la vida con el perdón”.


En su trabajo en el Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas, ayuda a los demás a encontrar la felicidad, “curando a los tristes”, como dice uno de sus tres hijos pequeños, enseñando a reconciliarse con uno mismo y con los demás y sobre todo a comprender, porque “comprender es aliviar” dice. Dentro de ese afán por llegar a más gente, por explicar cómo funciona nuestro cerebro y cómo afectan las emociones a nuestro cuerpo y nuestra mente ha escrito Cómo hacer que te pasen cosas buenas (Ed. Espasa) con más de 200.000 copias vendidas.

200.000 copias vendidas en seis meses, traducido a varios idiomas. ¿Cuál crees que es la clave del éxito de tu libro?

Yo misma me lo he preguntado. La conclusión a la que he llegado es que es un libro que cuando lo lees te sientes identificado en algo, entiendes algo de tu vida que te ha pasado. Comprendes también a gente de tu entorno y automáticamente quieres que lo lean y lo recomiendas o lo regalas. Cuando comprendes porqué te pasan determinadas cosas afrontas de otra manera su solución. El libro explica el trasfondo científico de cómo influyen los sentimientos en nuestro organismo y en definitiva en nuestra salud. Si entiendes las cosas es todo mucho más fácil, porque comprender es aliviar, cuando comprendes algo, te sientes aliviado y eres capaz de solucionarlo.

¿Qué te llevó a escribir este libro?

El libro lo escribí con dos finalidades. La primera era dar respuesta a todos aquellos que se me acercaban después de los cursos y conferencias que imparto y me decían que les gustaría tener lo que decía por escrito para que lo leyera su pareja, o un amigo o familiar. La segunda, para mis propios pacientes a los que dentro de la biblioterapia -la lectura de determinados libros que les recomiendo- me di cuenta, que necesitaba un libro que les explicara cómo funciona su cerebro, que fuera entendible y que además lo pudiera leer un médico o un neurólogo y no dijera esto es muy flojo.

Marian Rojas Estapé y Sebastián del Rey Barba durante la entrevista.

Creo que lo has conseguido.

Sí, ha sido una labor ardua de redacción, de volver a reescribir aquellas partes del libro que podían ser más complejas con un lenguaje que permitiera llegar a todos sin perder el rigor científico. Lo he escrito pensando en el lector del Siglo XXI, al que es bueno explicarle las cosas con ejemplos, con anécdotas simpáticas y con la mezcla adecuada de ciencia.

Defiendes que la felicidad depende en gran medida de la actitud.

Así es.   Esa actitud no significa que si no nos pasan cosas buenas somos culpables. La vida es un drama, y siempre nos están pasando cosas y según como decides enfrentarte a ese drama, depende tu salud física y psicológica y en definitiva también la felicidad. La felicidad consiste en vivir instalados de forma sana y equilibrada en el presente, habiendo superado las heridas del pasado y mirando con ilusión al futuro. Hay que tener en cuenta además que la felicidad no es lo que me pasa sino cómo interpreto lo que me pasa, por esto es muy importante conocer cómo funciona nuestro cerebro, cómo influyen los sentimientos, ya que nuestro estado de ánimo determina la interpretación que hacemos de la realidad.

En el fondo, la felicidad consiste en conectar de forma sana y equilibrada con el instante presente, conectar con el hoy y el ahora. Esto lo dicen muchos, pero yo voy un paso más, es necesario conectar de forma “real”, porque ahora conectamos con el hoy y el ahora de modo virtual. Debemos darnos cuenta de que las cosas buenas de la vida pasan en la vida real, no en la virtual. La vida virtual va a base de gratificaciones instantáneas, a golpe de “click”, de “me gusta”, que son chutes de dopamina y actúan como una droga, por eso las redes sociales enganchan.


“Debemos darnos cuenta de que las cosas buenas de la vida pasan en la vida real, no en la virtual. La vida virtual va a base de gratificaciones instantáneas, a golpe de “click”, de “me gusta”, que son chutes de dopamina y actúan como una droga, por eso las redes sociales enganchan”

Hay que volver a conectar con la vida real, la vida real son las personas, es la naturaleza, son las lecturas, son las cosas que tocas. Hay que volver a tocar, porque el tacto tiene un impacto directo en el cerebro, activa la oxitocina, que es la hormona del vínculo de la amabilidad, de la confianza.

Afirmas que nuestro cerebro no distingue entre lo que es real y lo que es imaginario.

Es clave. Es una de las ideas esenciales del libro. Cierra los ojos, corta un limón e imagínate que lo empiezas a chupar. Inmediatamente empiezas a hipersalivar. Sin embargo, es todo parte de tu imaginación. El ser humano, sólo con pensarlo es capaz de amargarse la vida. A mis pacientes le hago escribir una lista de cosas que les preocupan y la experiencia dice que un 90% de las cosas que apuntan nunca ocurren. Con esas preocupaciones infundadas lo que sucede es que todo tu organismo se pone en modo alerta. Nuestro cerebro y nuestro organismo, o están en modo supervivencia o están en modo de crecimiento. El estar sometiendo continuamente nuestro cerebro al estado de alerta, hace que enfermemos, por los efectos negativos del cortisol que segregamos y nuestro cuerpo avisa a través de esas enfermedades (problemas gastrointestinales, caída de cabello, dermatitis…) de que algo no va bien.

¿Cómo evitar esos efectos adversos?

Además de la adecuada actitud, en primer lugar conociéndonos, sabiendo cómo funciona nuestra mente, qué es lo que nos agobia o estresa y evitándolo en lo posible. Junto a ello, el descanso, el deporte, la meditación o mindfulness, frecuentar las personas “vitamina” (esas que nos elevan el ánimo cuando estamos con ellas) y el Omega 3.

Hablas también de la necesidad de plantearnos cómo se están educando nuestros hijos, la hiperestimulación a la que están sometidos y los peligros que ello conlleva.

Estamos en un experimento social con los niños, especialmente en su relación con las pantallas. Se quiere aprovechar al máximo su etapa de aprendizaje y queremos que aprendan a la vez varios idiomas, deportes, matemáticas avanzadas. Sin duda es bueno que aprendan, pero han de tener tiempo también para aburrirse, para desarrollar la imaginación.

A la vez hay que volver a educar la atención. La atención debería ser el principal foco en la educación de los jóvenes, volver a prestar atención a lo realmente importante.

¿Cómo se educa la atención?

Lo primero es evitar los distractores de la atención. Cuando eres muy pequeño tu zona de la atención en el cerebro está muy inmadura y sólo se estimula con la luz, con el sonido y el movimiento. La atención va madurando, la evolución del cerebro va de atrás hacia delante, la corteza prefrontal es lo último que se forma, que es también la zona del cerebro que controla los impulsos y por eso los adolescentes son aún tan impulsivos. ¿Qué sucede? que en ese momento que es tan importante, tan vulnerable, tienes que darle buenos hábitos al cerebro que se está formando.

“La actitud ante la vida es esencial. Nosotros mismos elegimos a las personas (la pareja, amigos) no por su currículo, sino por su forma de ser, por cómo es su actitud ante la vida”

Si la atención sólo la activas con luz, sonido y movimiento, con videojuegos, con estímulos súper potentes de actividad, movimiento, etc…, cuando un niño se tiene que concentrar delante de un profesor, o comer tranquilamente, al no tener esos estímulos tan potentes, no le interesa, está inquieto, y a veces comienzan hiperactividades extrañas.

Se tiene que enseñar al cerebro del niño desde pequeño a prestar a atención a cosas que no son hiperestimulantes, volver a ver una puesta de sol, la naturaleza. Por ejemplo cuando los niños pequeños prestan atención a una hormiga que va caminando… Pero, ¿qué hacemos con nuestros hijos? Vamos. Déjalo. Tenemos prisa. Lo que hacemos es que, ese niño que estaba enseñando a su cerebro a concentrarse, inmediatamente lo desconectas, y le metes en la rueda del rápido que los niños llevan fatal y que a la larga puede generar tristeza y frustración.

Tenemos que educar el cerebro a focalizarse, a gestionar los impulsos, acostumbrarnos a esperar, hoy día no sabemos esperar, todo lo compramos de manera inmediata, quiero comer indio y me llega, quiero ver una serie y vemos una temporada entera…

Sin embargo, las cosas de la vida que nos hacen más felices; el amor, la pareja, los amigos y el trabajo, requieren orden, constancia, espera, días en que no avanza, frustración. Hay que transmitir el valor de la espera, del trabajo constante, de la atención.

Por último, hablas en el libro de lo importante que fue para ti tu experiencia en Camboya.

Me marcó todo, primero porque yo me dedico a escuchar sufrimiento, pero eso es peor que sufrimiento, es el infierno. Segundo porque cuando una niña de diez años que ha sido violada en condiciones dramáticas te mira a los ojos y te dice: dime que tengo futuro, te planteas todo y porque, sin embargo, en el drama ves que hay gente que es feliz, hay gente que se repone.

Hay historias que te marcan, una niña con un bebé dentro en un burdel, diciendo que tiene una razón para vivir, porque su cuerpo que estaba muerto ha sido capaz de dar vida. Cuando se le da sentido a la vida, uno se siente menos sólo, se sufre menos.

Y sobre todo, aprendí que sólo se puede superar los problemas de la vida con el perdón.