Se acumulan tantos problemas en las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas que los españoles colocan el de la educación en el puesto número 12. Aparece en los barómetros muy por debajo del primer problema, la vivienda, y también de otros como la corrupción, la inmigración, el paro, la sanidad o la falta de oportunidades para los jóvenes. Es la percepción de los ciudadanos, que recoge el CIS. Sin embargo, resolviendo el problema número 12 se solucionarían también muchos de los que hoy sitúan por delante.

Sorprende la aparente falta de conciencia de este problema en las encuestas cuando resulta deprimente la posición de la educación española en los llamados informes PISA, en los índices de comprensión lectora de la OCDE o por la ausencia de universidades nacionales en los rankings internacionales.

En los índices QS, que clasifican 800 universidades del mundo, no suele aparecer ninguna universidad española entre las 100 primeras. Tampoco es fácil encontrar universidades de otros países europeos, pero al menos sí hay varias en ese ‘top 100’ de las otras tres grandes economías de la eurozona: Alemania, Francia e Italia. También figuran en posiciones destacadas de la clasificación universidades de países de la UE como Dinamarca, Suecia o Irlanda, aunque ninguno alcanza el nivel del Reino Unido.

El relegado puesto 12 en el CIS contrasta con la urgencia de reformar la educación que sí aprecian los organismos internacionales. El Fondo Monetario Internacional reclama de modo recurrente en sus informes que “es crítico potenciar el capital humano, dando prioridad a una reforma profunda de la educación superior para reducir el elevado desajuste entre la oferta y la demanda de cualificación”.

El FMI da relevancia al último escalón educativo, que engloba no solo la calidad universitaria, sino también la de la formación profesional, para intentar que España abandone el grupo de cabeza del paro y un bochornoso ranking del que se habla menos: el de los países europeos con mayor abandono escolar prematuro. Ya se vivió tras el estallido de la burbuja del ladrillo el error capital que ha marcado la vida de tantos jóvenes que optaron entonces por no continuar sus estudios ante la tentación, o la necesidad, de ganar dinero trabajando en la construcción.

La educación es clave para que la economía gane productividad, el factor decisivo para crear empleo y poder pagar las pensiones del futuro

El último informe anual del Banco de España certifica que la tasa de contratación de los jóvenes sigue aumentando entre quienes tienen estudios universitarios y disminuye, incluso en los actuales años de bonanza, entre quienes abandonaron los estudios tras el bachillerato sin cursar formación profesional ni la universidad. ¿Qué les espera a este colectivo cuando llegue otra crisis?

La educación es clave, además, para que la economía gane productividad, el factor decisivo para crear empleo y poder pagar las pensiones del futuro.

En el reciente ranking mundial de competitividad de la escuela IMD de Lausana, España permanece estancada en el puesto 39 de 70 tras seis años de fondos europeos extraordinarios para transformar su economía. El estudio insta a España, en su edición de 2026, a “establecer un marco educativo más adaptado a las nuevas necesidades de las empresas”.

El problema de dejar atrás a quienes tienen menos cualificación crece, además, con la introducción de la inteligencia artificial. “Resulta clave el refuerzo de las políticas de formación y recualificación para alinear mejor las cualificaciones de los trabajadores con las competencias demandadas por las empresas, en un contexto de intensos cambios tecnológicos y demográficos; aumentar la empleabilidad de los parados y reducir los desajustes persistentes entre oferta y demanda de trabajo”, señala el Banco de España en el citado informe anual.

En contraste con todo ello, la parálisis política relega la educación y habrá que esperar a otra legislatura, como en un relato interminable de Mariano José de Larra, para acometer una reforma duradera y eficaz de este servicio público que sea fruto de un gran pacto de Estado. Ojalá fuera la prioridad número 12, pero no lo es.

Carlos Segovia