La palabra “Universidad” procede del latín y significa la totalidad. Palabra que deriva en universo y universal. Tiene la misma etimología. Y según la RAE, en algunas de sus acepciones, es el conjunto de las cosas creadas, es la universalidad. Este año, el Colegio de Registradores de España ha concedido el Premio Gumersindo de Azcárate a la Universidad española para reconocer su labor como espacio de conocimiento, libertad intelectual y pilar del progreso, un reconocimiento al papel esencial que desempeña en la vida de nuestro país.

La universidad es un lugar de encuentro, algo que echamos en falta en España en los últimos tiempos. No me refiero a que echemos en falta la universidad, echamos en falta el encuentro, el diálogo, el respeto, compartir, participar, intercambiar… y otras muchas cosas. Y de todo ello nos habló el Papa León XIV en su viaje a España. Nos habló de la vida, que es la mejor universidad, nos habló de la “Universidad del Alma”. Provocó una auténtica oleada de emoción y entusiasmo. España necesitaba algo, necesitaba un paréntesis con todo lo que está pasando. Los españoles necesitábamos algo distinto, necesitábamos un revulsivo. Quizá, también, un referente, un referente moral.

El Papa Prevost, con valentía, habló para todo el mundo, católicos y no católicos, cristianos y no cristianos, creyentes y no creyentes. Habló de la dignidad humana, porque la dignidad humana es el centro de la persona, habló de las injusticias, habló del encuentro, del necesario encuentro, del diálogo, del respeto, de la acogida. Levantó la voz, y alzó la mirada, como decía el lema de su visita. Interpeló a los poderosos, interpeló a los políticos en sede parlamentaria en unos momentos terribles de corrupción política, de polarización, de continua confrontación. En esa sede parlamentaria habló de la integración social de los inmigrantes, en contra del aborto y de la eutanasia. Se refirió, además, a la crispación política. Y le aplaudieron durante siete minutos, de pie. Una ovación histórica. Muchos tomarían nota, otros se olvidarían enseguida.

Puso de ejemplo la Escuela de Salamanca, liderada por el teólogo dominico Francisco de Vitoria, padre del Derecho Internacional. Una escuela que hace 500 años sentó las bases de los Derechos Humanos. Una escuela pionera en analizar el funcionamiento del mercado para encontrar la determinación del precio justo entre la oferta y la demanda. Un ejemplo vigente hoy día. Referencia que gustó, en especial, a los Dominicos, a toda la Familia Dominicana y a los juristas.

La universidad es un lugar de encuentro, algo que echamos en falta en España en los últimos tiempos. No me refiero a que echemos en falta la universidad, echamos en falta el encuentro, el diálogo, el respeto, compartir, participar, intercambiar… y otras muchas cosas. Y de todo ello nos habló el Papa León XIV en su viaje a España. Nos habló de la vida, que es la mejor universidad

León XIV recordó la trayectoria cristiana de España, la cultura cristiana de la historia de España, pidió abrir caminos de paz y reconocer la complejidad de la realidad social. El encuentro es una tarea política, cultural y espiritual. Es tarea de todos. Y en esa compleja realidad social entran muchas personas, personas muy diferentes. Especialmente emotivo fue el encuentro en el proyecto social CEDIA 24 Horas de Cáritas, en Madrid. Como también lo fueron los de Canarias. El Papa escuchó el calvario que tuvieron que pasar muchas personas para buscar un mundo mejor. Habló de la caridad cristiana, caridad que nace del evangelio y que se concreta en rostros, rostros con alegría y dolor.

No voy a hacer un recorrido por todo el viaje de León XIV, todo el mundo lo pudo ver y lo pudo seguir. Y a cada uno le habrá llamado la atención algún discurso, algún mensaje concreto. Fueron tres momentos muy distintos, la alegría y la multitud de Madrid, el espectáculo de Barcelona, y la tragedia de Canarias. En todos los sitios el Papa Prevost mostró su cercanía, miró, escuchó, vio el problema de cerca, se dejó tocar y abrazar, abrazó, bendijo a muchos niños, se empapó de nuestros problemas. Y también de lo bueno que tenemos.

El Papa nos dio un chute de luz y energía, nos devolvió el entusiasmo, al menos por un tiempo. Pero también se lo llevó él. Habló de goles en el Bernabéu y él fue el autor del auténtico golazo. Golazo con un balón que le pasaron Paco González y Manolo Lama.

Se le veía feliz en España, sin ganas de marchar. Hasta el incidente del avión, en una visita perfecta, quedó bien gracias a la generosidad del rey, que le cedió su avión. Creo que hay un antes y un después de esta visita, para él y para nosotros. Tengo la sensación de que su pontificado ha empezado en España.

Patricia Rosety