«Iberoamérica representa una oportunidad estratégica para España y para la Unión Europea»


La secretaria de Estado de Comercio, Amparo López Senovilla, señala en esta entrevista la importancia que ha tenido el multilateralismo en la internacionalización de nuestras empresas y en nuestro crecimiento económico, y destaca que “en un contexto internacional cada vez más exigente, las empresas necesitan instituciones sólidas, reglas claras y confianza en el tráfico jurídico y económico”.


En un contexto internacional marcado por las tensiones geopolíticas y un cierto repliegue proteccionista, ¿sigue siendo el comercio internacional un elemento creador de riqueza, empleo y vínculos de cooperación entre los países? ¿Se está cuestionando un modelo que ha favorecido el crecimiento económico durante décadas?

España defiende el multilateralismo y el orden global basado en reglas. El multilateralismo ha aportado numerosos beneficios a nuestra sociedad: ha contribuido a reducir barreras, ampliar mercados, dar seguridad jurídica a los intercambios y evitar que las relaciones comerciales dependan solo de la fuerza relativa de cada país. 

Para España, ha sido clave en la internacionalización de nuestras empresas, en la integración de nuestras cadenas de valor y en nuestro crecimiento económico. Y, a escala global, ha favorecido décadas de crecimiento, creación de empleo, reducción de la pobreza y cooperación entre países. 

Es cierto que el contexto ha cambiado: vivimos una etapa marcada por tensiones geopolíticas, amenazas al multilateralismo y una fuerte competencia tecnológica. Pero precisamente por eso debemos defender una economía abierta, basada en reglas, que dé previsibilidad a las empresas y refuerce la cooperación entre países.

Por eso, el comercio internacional debe seguir siendo un factor esencial de prosperidad, empleo y estabilidad. 

El acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur suscita inquietud en algunos sectores, especialmente en el ámbito agrario. ¿Cómo explicaría a los agricultores y ganaderos españoles que este acuerdo puede ser beneficioso para España? ¿Qué garantías ofrece para evitar una competencia desleal y asegurar el cumplimiento de los estándares europeos?

Los agricultores y ganaderos españoles no deben inquietarse: este acuerdo es una oportunidad estratégica para España y para Europa, y también para que el sector agroalimentario español gane presencia en nuevos mercados, con una liberalización gradual y garantías específicas para proteger a los sectores más sensibles.

Mercosur es un mercado de más de 270 millones de consumidores, hoy muy protegido. Con este acuerdo se eliminará progresivamente los aranceles, por lo que mejorará la competitividad de nuestras empresas. Para el campo español abre oportunidades muy relevantes en productos como aceite de oliva, vino, licores, porcino, frutas o quesos, muchos de los cuales soportan actualmente aranceles elevados. Además, el acuerdo protege 59 Indicaciones Geográficas españolas.

Amparo López Senovilla y la decana del Colegio de Registradores de España, María Rosario Jiménez Rubio.

“Una de las grandes fortalezas del comercio exterior español es la creciente diversificación de nuestras empresas, tanto por sectores como por mercados. España cuenta con compañías competitivas, con capacidad de adaptación y presencia internacional en sectores de alto valor añadido”

También quiero transmitir tranquilidad: el acuerdo incorpora tres medidas de control y protección para los sectores más sensibles. En primer lugar, contingentes arancelarios limitados para los productos más sensibles. En segundo lugar, mecanismos de defensa comercial y salvaguardias para reaccionar si se detectan perturbaciones de mercado. Y, en tercer lugar, la nueva red de seguridad financiera de la Unión Europea, dotada con 6.300 millones de euros, prevista para hacer frente a posibles perturbaciones de los mercados agrícolas.

Y en materia sanitaria y fitosanitaria quiero ser rotunda: no se rebaja ni una sola norma europea. Todos los productos importados deben cumplir las mismas reglas de seguridad que los europeos. El acuerdo abre mercados, pero preservando nuestros estándares de seguridad y calidad.

Los conflictos en Oriente Medio y la amenaza sobre el estrecho de Ormuz han vuelto a poner de manifiesto la vulnerabilidad de las cadenas de suministro. ¿Qué impacto tienen estas tensiones sobre el comercio español y europeo? ¿Estamos hoy mejor preparados que hace unos años para afrontar este tipo de crisis?

El conflicto en Irán y la tensión en el estrecho de Ormuz han generado presión sobre los precios energéticos y los costes logísticos, pero España parte de una posición relativamente sólida: nuestra exposición directa es limitada y contamos con un sistema energético cada vez más diversificado, apoyado además en el liderazgo español en energías renovables. A ello se suma la capacidad de adaptación que han demostrado las empresas españolas en los últimos años, diversificando proveedores, rutas y mercados.

No obstante, el estrecho de Ormuz es una ruta clave para el comercio mundial de suministros estratégicos, como el petróleo y el gas natural licuado. Cualquier tensión en esta zona puede afectar no solo a los precios energéticos, sino también a cadenas de suministro de las que dependen sectores industriales europeos.

Por eso, el Gobierno aprobó en marzo el Plan Integral de Respuesta a la Crisis en Oriente Próximo, con medidas para mitigar el impacto del aumento de los costes energéticos y de transporte sobre empresas, hogares y consumidores.

Ahora, ante la persistencia de determinadas tensiones, el Gobierno ha trabajado en un nuevo paquete de medidas para dar continuidad a los apoyos que siguen siendo necesarios, acompañar a los sectores más afectados y reforzar la protección de hogares y empresas.

Foto: Mario Gómez

España ha logrado consolidar un sector exportador más diversificado y competitivo que hace dos décadas. ¿Cuáles considera que son hoy sus principales fortalezas? ¿Y qué debilidades o asignaturas pendientes deberían abordarse para ganar competitividad en un escenario cada vez más exigente?

Una de las grandes fortalezas del comercio exterior español es la creciente diversificación de nuestras empresas, tanto por sectores como por mercados. España cuenta con compañías competitivas, con capacidad de adaptación y presencia internacional en sectores de alto valor añadido. 

Una prueba de ello es que, a pesar de las tensiones internacionales, el sector exterior español ha mostrado gran resiliencia y las exportaciones españolas de bienes han crecido en este primer semestre respecto al año anterior. 

“La seguridad jurídica es un elemento esencial para atraer inversión, favorecer el crecimiento empresarial y reforzar la competitividad”

 

El reto ahora es seguir reforzando nuestra posición internacional apoyándonos en algunas de nuestras principales fortalezas: una conectividad e infraestructuras de primer nivel, una potente capacidad logística y un marco de seguridad jurídica y estabilidad que hacen de España un destino competitivo para invertir y hacer negocios. Todo ello se refleja también en la fortaleza de nuestras exportaciones, que están actualmente en máximos históricos con un crecimiento sostenido superior al 2% anual. 

También debemos seguir impulsando una mayor presencia de las mujeres en la internacionalización empresarial y en los sectores vinculados al comercio exterior. Incorporar más talento femenino no solo es una cuestión de igualdad, sino también de competitividad, innovación y aprovechamiento pleno de las capacidades de nuestra economía.

En un momento en el que crecen las voces críticas con el proyecto europeo, ¿qué papel debe desempeñar España dentro de la Unión? Al mismo tiempo, ¿existe el riesgo de que las crecientes exigencias regulatorias y medioambientales europeas resten competitividad a nuestras empresas frente a competidores de terceros países?

Para España, la pertenencia a la Unión Europea ha supuesto un salto decisivo en modernización, apertura exterior, atracción de inversiones y consolidación de un mercado más amplio para nuestras empresas. Estar dentro de la Unión nos ha dado estabilidad, reglas comunes y una capacidad de influencia mucho mayor que la que tendríamos actuando de forma aislada. 

Precisamente por ello, España debe desempeñar un papel activo y constructivo en la Unión Europea: en un entorno internacional más complejo, necesitamos una Europa más unida y competitiva, capaz de defender sus intereses, ampliar su red de acuerdos comerciales y, sobre todo, avanzar en la verdadera integración del mercado único, eliminando barreras internas que todavía dificultan la actividad y el crecimiento de nuestras empresas.

Al mismo tiempo, debemos garantizar que todos los productos que acceden al mercado europeo cumplen las normas de la Unión, para que nuestras empresas compitan en igualdad de condiciones y las exigencias regulatorias no se traduzcan en desventajas frente a terceros países.

La industria automovilística europea atraviesa una profunda transformación, marcada por la electrificación y la creciente competencia de los fabricantes chinos. ¿Cómo puede Europa preservar su capacidad industrial sin renunciar a un comercio abierto? Y, en un plano más amplio, ¿es posible reducir la dependencia de China en sectores estratégicos sin perjudicar la competitividad de las empresas europeas?

España comparte el objetivo europeo de reforzar la resiliencia económica y reducir dependencias estratégicas, pero desde un enfoque equilibrado: apertura, competitividad y generación de valor añadido. 

De hecho, estudios recientes sobre la nueva generación de inversiones que se han realizado en el sector del vehículo eléctrico en España – que ha realizado ESADE junto con el Ministerio de Industria- muestran que el volumen de inversión, por sí solo, no es suficiente: lo relevante es que los proyectos aprovechen activos industriales existentes, incorporen socios tecnológicos, generen empleo y redes de proveedores locales, y desarrollen capacidades tecnológicas duraderas en España y en Europa.

En este marco, apostamos por atraer inversiones productivas que impulsen la industria, la innovación y el empleo de calidad, y que refuercen cadenas de suministro más seguras, diversificadas y resilientes. 

En noviembre Madrid acogerá la Cumbre Iberoamericana. Más allá de los tradicionales vínculos históricos y culturales, ¿qué papel puede desempeñar este encuentro para reforzar las relaciones económicas y comerciales entre España e Iberoamérica? ¿Existe margen para impulsar una mayor presencia empresarial española en mercados con gran potencial, más allá de Brasil y México?

Iberoamérica representa una oportunidad estratégica para España y para la Unión Europea. Este año, la entrada en vigor provisional del acuerdo UE-Mercosur y la modernización del Acuerdo Global con México son dos hitos relevantes que reflejan una clara apuesta europea por América Latina: diversificar socios, abrir nuevas oportunidades para nuestras empresas y consolidar marcos estables de comercio e inversión. En este contexto, España está llamada a desempeñar un papel de puente entre Europa e Iberoamérica, gracias a sus vínculos históricos, económicos y empresariales y a su capacidad para facilitar la conexión de empresas y mercados a ambos lados del Atlántico.

Para España, esta agenda debe servir para dar un salto cualitativo en la relación con la región: no solo ampliar los intercambios comerciales, sino construir una auténtica alianza estratégica basada en la inversión, la innovación, la cooperación empresarial, la transición energética y cadenas de valor compartidas. La Cumbre Iberoamericana será una plataforma para reforzar esa alianza.

La digitalización, el comercio electrónico y la inteligencia artificial están transformando el comercio internacional. ¿Está preparada la empresa española, especialmente la pyme, para competir en este nuevo entorno? ¿Qué políticas está impulsando el Gobierno para facilitar esa transición?

Para las empresas españolas, y especialmente para las pymes, el reto es incorporar estas herramientas digitales para ganar competitividad, acceder a nuevos mercados y adaptarse a un entorno internacional cada vez más exigente.

Para facilitar esta transición, el Gobierno está impulsando programas de digitalización -con iniciativas como el Kit Digital-, formación en competencias digitales y apoyo a la internacionalización. En este ámbito destacan también programas de ICEX como ICEX Next, Digital ICEX y Reto IA. 

“En un entorno internacional más complejo, necesitamos una Europa más unida y competitiva, capaz de defender sus intereses, ampliar su red de acuerdos comerciales y, sobre todo, avanzar en la verdadera integración del mercado único”

 

Y, más recientemente, el Plan IA360, que incorpora nuevas medidas para facilitar que las pymes y los autónomos adopten la inteligencia artificial y la conviertan en una herramienta de productividad y crecimiento.

El objetivo es que la digitalización y la inteligencia artificial no sean una barrera, sino una palanca para que más empresas españolas puedan competir, internacionalizarse y crecer en los mercados internacionales.

Foto: Mario Gómez

La Unión Europea habla cada vez más de “autonomía estratégica abierta”, tratando de equilibrar apertura comercial y seguridad económica. ¿Cómo interpreta este concepto? ¿Es posible mantener una economía abierta y, al mismo tiempo, proteger sectores estratégicos sin caer en el proteccionismo?

La autonomía estratégica abierta consiste en reforzar la capacidad de Europa para actuar con mayor independencia en ámbitos estratégicos, sin abandonar la apertura comercial ni la cooperación internacional. 

En la práctica, supone reducir dependencias, diversificar proveedores y mercados, proteger sectores críticos y, al mismo tiempo, seguir defendiendo un sistema multilateral basado en reglas. Es posible compatibilizar apertura y seguridad si las medidas se orientan a fortalecer la resiliencia y no a levantar barreras proteccionistas indiscriminadas.

Estados Unidos sigue siendo uno de los principales socios económicos de la Unión Europea, aunque la relación comercial atraviesa una etapa de creciente complejidad. ¿Cómo valora su evolución y qué impacto puede tener sobre las empresas españolas el nuevo marco de relaciones transatlánticas?

Estados Unidos sigue siendo un socio económico estratégico para la Unión Europea y, de manera muy especial, para España. Es un mercado clave para nuestras empresas y también nuestro principal inversor extranjero y destino de inversión, por lo que la relación comercial y de inversión transatlántica tiene una importancia directa para la economía española. Al mismo tiempo, atraviesa una etapa de creciente complejidad, marcada por la actual política arancelaria de la Administración estadounidense.

En este contexto, España reafirma su compromiso con la preservación y el fortalecimiento de esta relación, subrayando la necesidad de avanzar en la implementación del acuerdo que la UE alcanzó hace un año con Estados Unidos, para que ambas partes cumplan de forma equilibrada los compromisos adquiridos.

Para las empresas españolas, lo más importante es contar con certidumbre, estabilidad y previsibilidad en sus relaciones comerciales y de inversión con Estados Unidos. En esa línea estamos trabajando tanto desde la Unión Europea como desde España.

En un contexto de creciente competencia internacional por atraer inversiones, la seguridad jurídica y la fortaleza de las instituciones se consideran factores cada vez más determinantes, ¿qué papel desempeñan instituciones como los Registradores de la Propiedad y Mercantiles en la generación de confianza, la protección del tráfico jurídico y económico y la creación de un entorno favorable para la inversión y el crecimiento empresarial?

La seguridad jurídica es un elemento esencial para atraer inversión, favorecer el crecimiento empresarial y reforzar la competitividad. En un contexto internacional cada vez más exigente, las empresas necesitan instituciones sólidas, reglas claras y confianza en el tráfico jurídico y económico.

En este ámbito, instituciones como los registradores de la Propiedad y Mercantiles desempeñan un papel fundamental, al aportar seguridad jurídica, transparencia, publicidad y certeza en las relaciones económicas. Su labor facilita la actividad empresarial, protege los derechos de empresas y ciudadanos y contribuye a generar un entorno de confianza para la inversión.

Además, en un escenario en el que competimos por atraer proyectos de inversión con otros países, la seguridad jurídica es también un factor de competitividad. Contar con procedimientos fiables, información accesible y un marco institucional sólido reduce incertidumbres, facilita la toma de decisiones y refuerza la confianza de los inversores en España.