En esta ocasión recurro a Serrat y a Machado con “Cantares”, y suena en mi cabeza aquello de… “hace algún tiempo en este lugar”… Quizá sea nostalgia, no lo sé, pero recuerdo y encuentro recuerdos en los que muchas personas, muchos políticos de distintas sensibilidades, como se dice ahora, sabían a donde querían llegar. Políticos y ciudadanos que se respetaban, que cedían, que buscaban el bien común, una buena convivencia, querían olvidar, no hacer heridas.

En este número de la revista nos piden que hablemos de la Constitución, de nuestra Constitución del 78, la más larga. Puede que no sea perfecta, pero es una Carta que nos une, que nos da derechos y libertades, que articula la convivencia y la igualdad entre personas y territorios, que protege nuestros derechos. No fue una Constitución de partidos ni de ideologías, lo fue para todos los españoles. Y lo fue porque todos querían vivir en paz, querían vivir tranquilos. Querían vivir. Fue un auténtico pacto.

En esa búsqueda de recuerdos me encuentro con programas de televisión y de radio en los que era posible sentar a personas de ideologías tan diferentes y dispares como Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Xabier Arzallus, Miquel Roca y Landelino Lavilla. Eso fue en “La Clave” de José Luis Balbín. Daba gusto ver y escuchar. Cada uno defendía sus ideas respetando a los otros. Hablaban cuando les correspondía, no se pisaban, no se increpaban. No compartían ideas, pero se respetaban. Era la década de los 80.

También me encuentro con “La Tarántula” de Antonio Herrero en Antena 3 de Radio. Antonio sentaba cada semana en su programa de “El Primero de la Mañana” a Santiago Carrillo, Ernest Lluch y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón. Tres ideologías muy diferentes. En “La Tarántula”, espacio que Antonio también llevó a Antena 3 Televisión, había un elevado nivel político sobre la realidad española, una tertulia que se convirtió en un gran referente del momento, los años 90. Fue otro ejemplo de convivencia, de buena convivencia, que terminó en un buen equipo.

Se haya vivido o no esa etapa muchos españoles se preguntan, nos preguntamos, si no es posible volver a aquel espíritu de la Transición, modélico espíritu que se estudia en algunos países. Tenemos el ejemplo, no nos hace falta buscarlo lejos, tenemos que actualizarlo

Con la polarización que vivimos hoy día todo esto me parece imposible, polarización creada por los políticos y fomentada por los ciudadanos. Qué palabra tan fea. Esta situación me hace volver al inicio y al título de este artículo, a la nostalgia y a Cantares. Hace algún tiempo en este lugar los políticos eran servidores del Estado. Llegaban a la Política desde su profesión, con sus ideas, pero desde su profesión. Tenían una carrera, una experiencia y unos conocimientos para ponerlos al servicio del Estado.

Hoy es muy diferente. Los políticos nacen, prácticamente, en los partidos políticos, sin otro oficio ni beneficio, y lo único que les mueve son sus ideas, sus intereses de partido y personales y lo fomentan ante sus electores. Es muy triste ver los debates parlamentarios llenos de acusaciones y a veces con insultos. Acusaciones que se trasladan a cualquier tertulia. Se echa en falta el nivel político que teníamos hace años. No quiero meter a todos en el mismo saco porque hay algunos que, de verdad, son servidores del Estado.

Se haya vivido o no esa etapa muchos españoles se preguntan, nos preguntamos, si no es posible volver a aquel espíritu de la Transición, modélico espíritu que se estudia en algunos países. Tenemos el ejemplo no nos hace falta buscarlo lejos, tenemos que actualizarlo. La realidad española es muy diferente a la de entonces pero la Constitución del 78 nos ha permitido llegar a lo que tenemos ahora, y tenemos mucho. Quizá sea el problema y que nos quedemos en “porque yo lo valgo”. No puede romperse ese espíritu, aunque roto ya está. Pero habrá que recomponerlo para tener una mejor convivencia y que nadie nos imponga nada. Hace falta dejar el show y utilizar más el respeto, y pensar en lo que los españoles consiguieron juntos. Se ha pasado de servir al Estado a vivir de la Política. Menos mal que tenemos un gran referente, el Rey de España, Felipe VI.

Patricia Rosety