“Necesitamos una ciencia más humana y una educación que nos enseñe también a conocernos”


Nazareth Castellanos lleva años investigando la relación entre cerebro, cuerpo y salud mental desde una mirada profundamente científica, pero también profundamente humanista. Neurocientífica de formación, ha trabajado en distintos centros internacionales de investigación y se ha convertido en una de las voces más reconocidas en el estudio de la respiración, la atención y el diálogo entre cerebro y cuerpo.

Con motivo de la publicación de su último ensayo, El puente donde habitan las mariposas, conversamos con ella en el Colegio de Registradores de España sobre salud mental, conciencia, educación, filosofía, neurociencia y la necesidad de aprender a habitar el mundo interior con más serenidad y conocimiento.

La conversación, larga y llena de matices, se mueve constantemente entre la investigación científica, la experiencia humana y las grandes preguntas filosóficas.


Este es su tercer ensayo. ¿Qué le llevó a escribir El puente donde habitan las mariposas?

Veníamos de profundizar mucho en la relación entre las vísceras y el cerebro. Era muy bonito estudiar cómo se construyen las bases de nuestra comunicación interna. Pero cuando empezamos a investigar qué significaba eso para nuestra psicología y, especialmente, para los momentos difíciles de la vida, sentí la necesidad de ordenar todo aquello.

También coincidió con un momento personal complicado. Fueron años difíciles y yo me agarré mucho a la ciencia para intentar comprender qué podía aprender de todo aquello y cómo podía salir reforzada de esa etapa.

¿Por qué tuvo claro que no quería que se confundiera con un libro de autoayuda?

Quise escribir el libro cuando sentí que ya podía hacerlo con cierto rigor científico. Y además tuve muy claro que no quería que se confundiera con un libro de autoayuda.

Son temas muy delicados y me preocupaba mucho tratarlos con elegancia y respeto. En cuanto hablas de salud mental y eres mujer aparece rápidamente esa etiqueta. Y para mí no es lo mismo hablar desde muchos años de estudio e investigación que hacerlo desde un lugar más superficial.

En un momento del libro menciona un estudio muy llamativo: personas que preferían recibir una descarga eléctrica antes que quedarse simplemente pensando consigo mismas. ¿Nos cuesta tanto habitar nuestro propio mundo interior?

Nos cuesta porque nunca hemos dirigido la mirada hacia ahí. Somos seres extraordinariamente educables: pensemos en todo lo que exige llegar a determinadas responsabilidades profesionales o académicas (disciplina, estudio, concentración, control sobre uno mismo). Somos capaces de hacer cosas muy complejas.

Y, sin embargo, muchas veces no sabemos qué hacer cuando nos ponemos nerviosos o cuando nos quedamos a solas con nuestros propios pensamientos.

En el libro habla mucho de conciencia e introspección. ¿Por qué nos cuesta tanto mirar hacia dentro?

Eso es algo que vemos incluso en los experimentos científicos. Se han hecho estudios con personas muy acostumbradas al pensamiento dirigido (profesores, investigadores, estudiantes universitarios) y se observa la enorme dificultad que existe para permanecer simplemente atentos a sus propios pensamientos. Nos distraemos constantemente. Y eso no es necesariamente malo. El problema es cuánto tiempo nos vamos y cuánto tardamos en volver.

Muchas veces somos capaces de hacer cosas extraordinariamente difíciles, pero nunca hemos aprendido algo aparentemente más sencillo: estar con nosotros mismos.

Nazareth Castellanos y Teresa López.

“Muchas veces somos capaces de hacer cosas extraordinariamente difíciles, pero nunca hemos aprendido algo aparentemente más sencillo: estar con nosotros mismos”

¿Qué revela el experimento de la descarga eléctrica?

Me gusta recordar un experimento muy revelador en el que a los participantes se les daba a elegir entre quedarse a solas con sus propios pensamientos o recibir una pequeña descarga eléctrica; el resultado era sorprendente. Muchísimas personas preferían la descarga antes que quedarse simplemente consigo mismas.

No hemos aprendido a mirar hacia dentro. Nuestra educación ha dirigido muchísimo la atención hacia unas capacidades concretas, pero muy poco hacia el conocimiento de nuestro mundo interior.

CONSTRUIR, RECONSTRUIR Y HABITAR

¿Qué lugar ocupa Heidegger en su recorrido?

Durante mi estancia en Friburgo estudié en profundidad a Heidegger, y allí encontré ideas que marcaron mucho mi manera de entender tanto la neurociencia como la experiencia humana. Él hablaba de construir, reconstruir y habitar, y aquello me impresionó muchísimo.

¿Qué significa construir, reconstruir y habitar?

En el contexto de la Alemania de posguerra se debatía cómo reconstruir ciudades devastadas. Heidegger insistía en que no bastaba con levantar edificios rápidamente, sino que era necesario crear lugares que pudieran ser habitados. No era solo una cuestión material.

Esa idea la trasladó también a la vida interior. Muchas veces queremos empezar de cero, borrar etapas o huir hacia delante, pero eso es imposible. No puedes borrar tu memoria ni lo que has sido. Lo importante es comprender cómo has llegado hasta aquí y, desde ahí, reconstruir.

¿Por qué insiste en mirar el pasado con honestidad?

Insisto en la importancia de mirar el pasado con honestidad para poder entender el presente. No todo lo que nos ocurre son accidentes aislados; muchas veces hay una sucesión de acontecimientos, de decisiones y de formas de vivir que nos han traído hasta aquí.

Hay cosas que tendremos que cambiar y otras que tendremos que conservar. Pero no se puede vivir negando partes de uno mismo.

“El sistema educativo enseña contenidos muy valiosos, pero deja fuera aspectos fundamentales relacionados con el conocimiento de uno mismo. Yo habría agradecido muchísimo que me enseñaran a reconocer la ansiedad en mi cuerpo, a respirar, a entender cómo funciona la atención o a gestionar el estrés”

¿Cree que lo que nos llega es una idea simplificada de la salud mental?

Hoy esa idea está muy presente en redes sociales y en muchos discursos motivacionales. Ahí se ha extendido una manera de hablar de la salud mental bastante simplificada.

Hay una idea muy repetida de que siempre hay que mirar el lado positivo, de que todo pasa por algo o de que basta con repetirse ciertos mensajes para superar cualquier situación. Y eso puede ser muy injusto.

¿Hay momentos en los que corresponde estar mal?

Sí, hay momentos en los que corresponde estar mal. El sufrimiento existe, la injusticia existe y hay situaciones realmente duras. Lo importante no es negar ese dolor, sino aprender a habitarlo sin que nos destruya.

¿Qué experiencia le produjo un gran impacto?

Recuerdo especialmente una experiencia que me produjo un gran impacto: una charla dirigida a madres de niños con cáncer. Escuché a una persona decirles que agradecieran aquella situación porque les permitiría aprender o conectar mejor con sus hijos. Y aquello me pareció un insulto. Hay sufrimientos que simplemente son devastadores.

¿Qué problema aparece cuando se impone una obligación constante de bienestar?

A veces parece que, si estás mal, además eres culpable por no saber ver la parte positiva, y eso genera todavía más sufrimiento.

También lo veo en la educación: vivimos en una sociedad donde parece que lo negativo no puede existir, pero eso es absurdo, porque el dolor forma parte de la vida. Y cada vez hay más dificultad para tolerar la frustración.

¿Cree que debería enseñarse desde pequeños a reconocer la ansiedad y gestionar el estrés?

Completamente. Sabemos muchísimas cosas, pero sabemos muy poco sobre cómo funcionamos nosotros mismos.

El sistema educativo enseña contenidos muy valiosos, pero deja fuera aspectos fundamentales relacionados con el conocimiento de uno mismo. Yo habría agradecido muchísimo que me enseñaran a reconocer la ansiedad en mi cuerpo, a respirar, a entender cómo funciona la atención o a gestionar el estrés.

También es importante aprender a comunicarse, a reconocer emociones y a entender mejor el funcionamiento del cuerpo y de la mente. No sabemos prácticamente nada sobre cómo funcionamos nosotros mismos.

¿Por qué compara la higiene mental con la historia de la higiene física?

Utilizo una comparación muy gráfica con la historia de la higiene física. Durante siglos, lavarse las manos, ducharse o lavarse los dientes generaba desconfianza y resistencia social.

Hoy nos parece algo evidente, pero hubo un momento en que no lo era. Y creo que con la higiene mental estamos en una situación parecida.

Incluso los médicos trabajaban sin lavarse las manos, y la sociedad tardó mucho tiempo en aceptar prácticas que hoy consideramos básicas. Me parece que estamos viviendo algo similar aplicado a la salud mental: todavía existe mucha sospecha y mucha resistencia.

¿Qué relación establece entre filosofía y neurociencia?

Siempre ha existido una relación muy fuerte entre filosofía y ciencia. En mi caso, los filósofos forman parte natural de mi manera de entender la neurociencia: Heidegger, Hannah Arendt, Bergson, George Steiner o Ramón y Cajal están muy presentes en mi forma de pensar.

Creo que la ciencia y la filosofía no deberían estar separadas, porque ambas intentan comprender la realidad, aunque lo hagan desde lugares distintos.

¿Qué supuso el debate entre Einstein y Bergson sobre el tiempo?

El debate entre Einstein y Bergson sobre el tiempo marcó mucho la separación posterior entre ciencia y filosofía. Einstein llegó a decir que el tiempo de los filósofos no existía, y eso tuvo un impacto importante.

En mi opinión, esa separación fue un error. La filosofía de la ciencia es importantísima porque nos ayuda a pensar qué estamos haciendo realmente y qué significan los conceptos con los que trabajamos.

¿Por qué reivindica hacer comprensibles las ideas complejas?

Heidegger me parecía un sabio increíble, pero leerlo era dificilísimo, y me daba pena pensar que muchas de sus ideas podrían ayudar muchísimo a las personas si estuvieran explicadas de otra manera.

En ese sentido admiro mucho a George Steiner, que decía que él era simplemente un cartero, y que su trabajo consistía en traducir ideas complejas para que pudieran llegar a más gente.

EL DIÁLOGO INTERIOR SE APRENDE

¿Cómo se construye nuestra voz interior?

La voz interior empieza a construirse aproximadamente a partir de los siete años y, en gran medida, se forma reproduciendo el tono con el que hemos sido tratados. No aprendemos solo palabras, aprendemos tonos, formas de hablarnos y maneras de tratarnos a nosotros mismos.

Por eso es tan importante cómo hablamos a los niños y también cómo nos hablamos a nosotros mismos. Muchas veces repetimos internamente el mismo tono con el que hemos sido educados.

¿Qué recuerda de su estancia en Friburgo y del antiguo despacho de Heidegger?

Recuerdo una experiencia muy llamativa durante mi estancia en Friburgo. Llegué casi por casualidad a una pequeña sala llena de libros de mística catalana y, en ese momento, ni siquiera sabía dónde estaba.

Más tarde me explicaron que aquel había sido el despacho personal de Heidegger, un lugar en el que se refugiaba para trabajar y donde conoció a Hannah Arendt, que entonces era su alumna.

Aquella experiencia me impresionó mucho y, con el tiempo, se conectó en mi cabeza con algunas de las ideas que después he ido relacionando con la neurociencia. Allí leí una idea que me impactó profundamente.

¿Qué significa la imagen de las personas como islas unidas por puentes?

Heidegger imaginaba a las personas como islas unidas por puentes. Lo importante es preguntarse desde qué parte de nuestra costa sale el puente que nos une a otra persona.

“Vivimos en una sociedad donde parece que lo negativo no puede existir, pero eso es absurdo, porque el dolor forma parte de la vida. Y cada vez hay más dificultad para tolerar la frustración”

¿Cómo relaciona esa imagen con la neurociencia y los vínculos?

Relaciono esa imagen con descubrimientos de la neurociencia actual. Cuando miramos a distintas personas se activan redes cerebrales diferentes; no nos relacionamos igual con una hija, una pareja, un amigo o un jefe.

A veces, además, un vínculo nace desde una parte de nosotros que no está sana, desde una herida o desde una vulnerabilidad que ni siquiera conocemos.

Por eso es tan importante conocerse a uno mismo. No puedes dinamitar partes de tu costa: aunque intentes ignorarlas, siguen ahí y siguen influyendo.

EL CEREBRO, EL CUERPO Y LA HERENCIA EMOCIONAL

¿Qué plantea sobre herencia emocional, epigenética y transmisión transgeneracional?

Hoy sabemos que existen investigaciones que apuntan a que determinadas experiencias pueden dejar huellas biológicas que llegan a generaciones posteriores. Es decir, no todo empieza desde cero en cada individuo.

Vamos recibiendo información de nuestros antepasados y, al mismo tiempo, también transmitimos información a las generaciones siguientes. Esto abre una reflexión muy profunda sobre cómo vivimos, cómo gestionamos el estrés o el trauma y qué legado, en un sentido amplio, dejamos atrás.

¿Qué relación establece entre los relojes biológicos, el envejecimiento y los cuidados?

Los llamados relojes biológicos nos muestran que hay etapas de la vida en las que, literalmente, envejecemos más rápido. No todos los momentos vitales impactan igual en el organismo.

Pero también sabemos que determinados hábitos y cuidados pueden ayudar a desacelerar esos procesos. Esto no es solo una intuición, sino algo que también se observa científicamente.

¿Qué aprendió en sus proyectos internacionales relacionados con el Alzheimer?

Durante años trabajé en proyectos internacionales relacionados con el Alzheimer, muchos de ellos en Estados Unidos. Fue una etapa científicamente muy intensa: trabajábamos muchísimo y aprendimos mucho, pero también vivimos grandes decepciones.

Durante mucho tiempo se intentó comprender el Alzheimer mirando únicamente al cerebro y a mecanismos muy concretos. Pero, a partir de ciertos fracasos, empezó a replantearse ese enfoque y a entenderse que era necesario mirar también otros aspectos del cuerpo y del organismo.

Aunque todavía no existe una solución clara, sí percibo una apertura hacia nuevas formas de investigación.

¿Qué significa la idea de una ciencia más humana?

La idea de una ciencia más humana y más humanista, como decía Ramón y Cajal, resume muy bien mi manera de entender la investigación. No se trata solo de acumular datos. La ciencia también tiene que ayudarnos a comprender mejor a las personas.

¿En qué nuevas líneas de investigación trabaja actualmente y qué dificultades encuentra?

Actualmente trabajo en nuevas líneas de investigación relacionadas con la conexión entre el útero y el cerebro, y con la posible transmisión transgeneracional de determinadas memorias biológicas.

Son campos muy prometedores, pero también encuentro dificultades a la hora de financiar proyectos innovadores. Los proyectos de alto riesgo suelen ser difíciles de sostener porque todavía no hay mucho hecho. Por eso intentamos buscar apoyo de distintas formas y seguir adelante poco a poco.

¿Cómo sostienen esas investigaciones cuando no llega la financiación pública?

Muchas veces tenemos que recurrir a fundaciones, colaboraciones o actividades paralelas para poder sostener determinadas investigaciones.

Las líneas de trabajo más innovadoras suelen encontrar muchas dificultades para obtener financiación pública, porque se consideran proyectos de riesgo o todavía no existe suficiente investigación previa.

En muchos casos terminamos autofinanciándonos con cursos, colaboraciones o buscando ayuda donde podemos.

¿Con qué entusiasmo habla de la futura investigación sobre útero, cerebro y memoria transgeneracional?

Me ilusiona mucho la investigación sobre la relación entre el útero y el cerebro y sobre la memoria transgeneracional. Creo que es una línea que va a abrir perspectivas muy interesantes. Va a ser espectacular.

A pesar de todo, mantiene intacto el entusiasmo. Tal vez porque, en el fondo, esta conversación no trata solo de ciencia, sino de algo más esencial: comprender quiénes somos, cómo vivimos y de qué están hechos nuestros vínculos.


La revista Registradores organizó un encuentro con la neurocientífica e investigadora Nazareth Castellanos, donde presentó su libro El puente donde habitan las Mariposas. Castellanos, una de las voces más influyentes en el estudio de la relación entre cuerpo y mente, habló de estos temas desde una perspectiva científica, crítica y profundamente humana. Al acto asistieron, entre otros, Sofía Puente; secretaria general para la Innovación y Calidad del Servicio Público de Justicia; Ester Pérez Jerez, directora general de Seguridad Jurídica y Fe Pública; Juan Carlos Campo y Enrique Arnaldo, magistrados del Tribunal Constitucional; Pedro Crespo, fiscal jefe del Tribunal Constitucional; Yolanda San Pastor, magistrada; Vicente Guilarte, catedrático de Derecho civil; y representantes del Colegio de Registradores.

Durante el encuentro, Ester Pérez Jerez y Sofía Puente hicieron entrega de una edición especial de la revista Registradores a la decana del Colegio, María Rosario Jiménez Rubio; y a su predecesora, María Emilia Adán. Además de su versión en papel, la revista completó su proceso de digitalización que permite a los lectores acceder a través de la web revistaregistradores.es a todos números publicados durante los 25 años desde su creación.

Teresa López