A pesar de las críticas que, como ya es habitual en los últimos años, califican la gala de entrega de los Oscar de aburrida, en esta edición, la número 91, se han logrado remontar los datos de audiencia del pasado año con un incremento del 11%, es decir, 29,6 millones de espectadores en todo el mundo. 


Un año más, la famosa alfombra del Teatro Dolby de Hollywood se vistió de rojo para recibir a los protagonistas de la gala de los premios del cine por excelencia, los Oscar, que la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos otorga a los mejores de los diferentes oficios que hacen posible que sigamos viviendo la magia de la gran pantalla. El pasado domingo 24 de febrero, al caer la tarde, bien entrada la noche en España, todo estaba listo para desvelar, en una gala que puede presumir de ser la más antigua de la historia del cine –la primera tuvo lugar el 16 de mayo de 1929 en el hotel Roosevelt de Los Ángeles–, el nombre de los mejores actores, guionistas, directores, productores, maquilladores, músicos y un largo etcétera de profesionales que trabajan en alguna de las 24 categorías de la industria que ha dado fama a la ciudad californiana. Porque a pesar de los años transcurridos y de los enormes cambios que han transformado el mundo, Hollywood sigue siendo sinónimo de haber alcanzado un sueño. Y volver a casa la noche de los Oscar abrazado a una estatuilla dorada, de haber tocado el cielo. 

Este año la gala trajo como novedad la ausencia de presentador por primera vez en tres décadas. La polémica renuncia del comediante Kevin Hart, después de que vieran la luz algunos tuits y chistes políticamente incorrectos que hizo hace años, obligó a buscar un sustituto, pero finalmente se optó por prescindir de un maestro de ceremonias y dejar que fueran las diferentes y numerosísimas estrellas ligadas al cine quienes se turnaran para presentar la gala que el pasado año arrojó malas cifras de audiencia, un 19 % menos con respecto al año 2017. Retransmitida en directo para más de 100 países, los organizadores también habían decidido que, por primera vez, algunos de los galardones se anunciaran durante los cortes publicitarios. Un intento más de ofrecer un espectáculo entretenido y, sobre todo, que no dure más de tres horas. 

“A pesar de los años transcurridos y de los enormes cambios que han transformado el mundo, Hollywood sigue siendo sinónimo de haber alcanzado un sueño. Y volver a casa la noche de los Oscar abrazado a una estatuilla dorada, de haber tocado el cielo”

Por otra parte, este año los números musicales estaban muy bien asegurados tras el éxito de películas como Ha nacido una estrella o Bohemian Rhapsody. Fue precisamente la interpretación de la canción ganadora, Shallow, de la citada cinta Ha nacido una estrella el momento más visto y comentado de toda la noche: Lady Gaga, sentada al piano junto a su compañero de reparto Bradley Cooper, interpretando la romántica balada con un puesta en escena de tanto realismo, que luego ambos tuvieron que pasarse días desmintiendo que mantuvieran una relación más allá de lo estrictamente profesional. Por lo que se refiere al otro filme “musical” con candidatura para ser elegido el mejor, Bohemian Rhapsody, el joven actor estadounidense de padres egipcios, Rami Malek, encargado de meterse en la piel y la garganta del mítico Freddy Mercury, dio la sorpresa de la noche llevándose la estatuilla reservada al Mejor actor. Todo un mérito para este debutante que había tenido que batirse contra cuatro competidores de peso, miembros con todo derecho del estrellato de Hollywood: Christian Bale (El vicio del poder), Bradley Cooper (Ha nacido una estrella), el veterano Willem Dafoe (Van Gogh, a las puertas de la eternidad) y Viggo Mortensen (Green Book).

Hubo también sorpresa mayúscula en el premio más esperado por el público, es decir, en el de Mejor Película. Porque las quinielas que ya habían empezado a circular semanas antes de la gala apostaban claramente por Roma, el filme dirigido por el mexicano Alfonso Cuarón y producido por Netflix -primera obra rodada en español en lograr la nominación como Mejor película en los Oscar– y por la cinta titulada La favorita, de Yorgos Lanthimos, novena producción de habla no inglesa que se había colado en esta categoría. Quizás, de los ocho títulos que pugnaban por llevarse tan importante galardón, la cinta finalmente ganadora, Green Book, estuvo siempre en la cola de cualquier lista de favoritas. Basada en hechos reales, esta comedia dramática que cuenta la evolución de la relación entre un famoso pianista negro, Don Shirley (Mahershala Ali), y su chófer blanco, Tony ‘Lip’ (Viggo Mortensen) durante un viaje por el segregacionista sur de Estados Unidos en 1962, partía también por detrás de la mencionada Ha nacido una estrella, de El vicio del poder, de Black Panther, el filme de superhéroes con elenco casi enteramente de actores negros y del filme de Spike Lee Infiltrado en el KKKlan.

A pesar de que pudiera saberle a poco, Alfonso Cuarón y su Roma no salieron del Dolby con las manos vacías. El mexicano se hizo con el premio a Mejor Director en una categoría que este año estuvo marcada por la diversidad de nacionalidades. Solo dos estadounidenses, Spike Lee (Atlanta, 1957) y Adam McKay (Filadelfia, 1968) competían para llevarse el galardón con el mexicano Alfonso Cuarón, el polaco Pawel Pawlikowsky por su filme Cold War, una dramática historia de amor que ganó el Premio Goya a mejor película europea en la gala celebrada el pasado 2 de febrero, y el griego Yorgos Lanthimos por su cinta La Favorita. Y en la categoría concreta de Mejor Película Extranjera, Roma, la cinta en blanco y negro que narra la infancia de Cuarón en el barrio mexicano que lleva el nombre de la “ciudad eterna”, fue la elegida y dejó con la miel en los labios al filme libanés Capernaum de Nadine Labaki, Premio del Jurado en la pasada edición del festival de Cannes, al alemán La sombra del pasado de Florian Henckel von Donnersmarck, estrenado en el Festival de Venecia y al galardonado filme japonés Un asunto de familia de Hirokazu Kore-eda, Palma de Oro en Cannes. 

“Roma, la cinta en blanco y negro que narra la infancia de Cuarón en el barrio mexicano que lleva el nombre de la “ciudad eterna, fue la elegida en la categoría concreta de Mejor Película Extranjera”

En el capítulo actoral, la actriz británica Olivia Colman derrotó a Yalitza Aparicio, la intérprete amateur elegida por Cuarón para interpretar a su empleada doméstica cuando era niño y que lideraba las apuestas todavía sorprendida por el radical giro que en menos de tres años ha cambiado para siempre su vida. Los focos llevaban días centrados en ella, una profesora de prescolar en paro que acompañó a su hermana a un casting y que se medía con grandes intérpretes como la veterana Glenn Close (nominada por The Wife), Lady Gaga (Ha nacido una estrella), Melissa McCarthy (¿Podrás perdonarme algún día?) y la finalmente ganadora, Olivia Colman, por su papel de la reina Ana en La favorita, que ofreció al público el discurso más espontáneo de la noche, haciendo gala de ese particular y siempre elegante humor británico para acompañar un triunfo que tampoco era esperado. 

Regina King (El blues de Beale Street) ganó el Premio a Mejor Actriz Secundaria derrotando a nombres de fama internacional como Amy Adams, Emma Stone y Rachel Weisz, mientras que en la misma categoría para ellos, fue Mahershala Ali con su interpretación en Green Book quien dejó en el camino a Sam Rockwell, ganador en 2018 en esta misma categoría, a Adam Driver (Infiltrado en el KKKlan), Sam Elliott (Ha nacido una estrella) y Richard E. Grant (¿Podrás perdonarme algún día?). 

Por último, el español Rodrigo Sorogoyen, director del premiado filme El reino, que competía en la categoría de Mejor Cortometraje de Ficción -séptima ocasión en la que un español compite en esta categoría– no pudo volver a casa con la dorada estatuilla en las manos. Su corto, Madre, un thriller de 19 minutos que relata, en un solo plano secuencia, la angustia en tiempo real de una madre que descubre mientras habla con su hijo, a través de un teléfono a punto de quedarse sin batería, que el niño corre peligro de ser secuestrado en la playa en Francia donde pasa unos días con su padre. Protagonizado por Marta Nieto, el cortometraje premiado en los Goya de la anterior edición, perdió frente a Skin, dirigido por Guy Nattiv, con un niño de ocho años, hijo único de una pareja de neonazis involucrados en un ajuste de cuentas, como protagonista.