Foto: Millán Herce Pagliai

«Con todo, el héroe de este Quinto Centenario es Juan Sebastián Elcano»


En 2019 se celebra el V Centenario de la primera vuelta al mundo iniciada bajo el mando de Magallanes y completada en 1522 por Juan Sebastián Elcano, en una expedición al servicio del Rey Carlos I de España.


¿Qué importancia tiene en la historia mundial de los descubrimientos? ¿Cree que en España está suficientemente valorado?

En España está valorado, aunque no puedo asegurar que lo suficiente. Lo que está muy claro es que en el resto del mundo no solo no se valora a Elcano, sino que muchas veces se le ignora. No solo se le ignora, sino que se afirma con toda falsedad que el primero en dar la vuelta al mundo fue Magallanes. ¿Hemos hecho los españoles todo lo necesario para que el mundo conozca la verdad?

Aunque la primera edición es de hace unos años, le doy la enhorabuena por su obra La Primera vuelta al mundo, rigurosa y amena. ¿Hay precedentes de la mezcla de historia con climatología, meteorología, oceanografía, etc., que hace usted en su trabajo?

Se ha hablado, y con acierto, de temporales, de calmas en el Pacífico, de dificultades frente a Guinea, pero nunca se había hecho un análisis conjunto del clima, meteorología, corrientes y de las consecuencias del aparejo de los navíos.

¿Cuál era el objetivo de la expedición acordado en las Capitulaciones de Valladolid del 22 de marzo de 1518 entre el Emperador Carlos V y el portugués Fernando de Magallanes?

El objetivo propuesto por Magallanes a Carlos I era llegar a las islas de las especies -las Molucas- navegando por el “hemisferio español” (hacia el Oeste, más allá de América).

¿Ese acuerdo convierte a Magallanes en un traidor a Portugal?

No, no creo que sea justo acusar a Magallanes de traidor. Sirvió a su país en la India y en Malaca. Más tarde, realizó algún trato comercial ilícito, por el que fue castigado. Malquistado con el rey de Portugal, emigró a España, y ofreció al joven Carlos I dirigir la operación que proyectaba: llegar a las islas Molucas, esta vez navegando hacia Poniente, por el “hemisferio español”. Buscaría un paso a través del Nuevo Mundo (América), hasta llegar al “mar del Sur”, que en 1513 había descubierto Balboa desde Panamá. Entonces, todavía como en tiempo de Colón, se creía que la Tierra era más pequeña de lo que realmente es. Ese “mar del Sur” se juzgaba fácilmente navegable desde las Indias hasta las fabulosas Islas de la Especiería, las Molucas, que probablemente estaban en la zona concedida por los Pontífices a España. Por lo menos era muy probable que no se vulnerasen los derechos de Portugal. Eso esperaba también Carlos I.

Hace ahora 500 años Magallanes estaba en Sevilla, en la ciudad donde usted vive, preparando la expedición. ¿Cómo era la Sevilla de la época?

Realmente, Sevilla era ya el principal puerto fluvial de España. De aquí salieron las más importantes expediciones poscolombinas, y en Sevilla se estableció la Casa de Contratación para organizar y controlar estas expediciones. Su situación, al nivel del mar, pero en un río navegable en 100 kilómetros hasta su desembocadura, ofrecía excepcionales condiciones para ser “Puerto y Puerta de Indias”, como se la llamó. Rodeada de feraces campos, podía surtir a América de toda clase de productos agrícolas, y ciudad industrial, proporcionaba también productos manufacturados. Estaba, como no estaba Cádiz, protegida frente a ataques piráticos o ingleses, y disponía de multitud de productos que era posible obtener casi a pie de puerto. De aquí su excepcional papel. Se convirtió en una de las ciudades más grandes y prósperas de Europa. Por sus calles pululaban flamencos, alemanes, genoveses, napolitanos, hasta el punto de que por su internacionalidad y por sus dimensiones se la denominó “Nueva Babilonia”.

La expedición descubre y atraviesa el estrecho hoy llamado de Magallanes y navega durante tres meses hasta las islas que más tarde serán llamadas las Filipinas. La navegación es tan tranquila que rebautizan el Mar del Sur de Balboa como Océano Pacífico. Usted atribuye la bonanza al fenómeno de El Niño. ¿En que se fundamenta?

En 2008 Scott Fitzpatrick y Richard Callahan, en un estudio en que se valieron de medios informáticos, hallaron que en los años 1520 y 1521 ocurrieron dos fenómenos consecutivos de El Niño, que alteraron en sentido favorable las condiciones de navegación por el estrecho de Magallanes y el Pacífico Sur. Al punto de que Magallanes pudo atravesar el Estrecho en solo 29 días; en tanto que Juan Sebastián Elcano, dos años más tarde, necesitó 48 días de dura navegación; y el Pacífico Sur estaba tan alterado en esta segunda ocasión que Elcano se enfrentó a tremendas tempestades, y acabaría falleciendo poco después. Así son los caprichos de El Niño, que son capaces de cambiar la historia.

¿Por qué Magallanes permanece meses en Filipinas sin buscar las Islas de las Especias hasta su muerte en Mactán, en una acción que usted califica de temeraria?

Carlos I había permitido a Magallanes que, si descubría más de seis islas, podría tomar posesión de una de ellas para sí propio. El navegante encontró en Filipinas las Visayas, un archipiélago que le permitía satisfacer sus ambiciones, y por eso luchó por conseguir la soberanía de una isla. Fue imprudente cuando rechazó toda ayuda de Humabón, y trató de conquistar Mactán con su pequeña hueste de españoles. Y esa imprudencia le costó la vida.

¿Qué sucede tras la muerte de Magallanes?

Magallanes se había rodeado de portugueses para dirigir su pequeña flota. Muerto el gran navegante, le sucedieron Duarte Barbosa y Joao Serrâo. No hubo claridad de criterio, y se perdieron varios meses de inútiles navegaciones entre Filipinas y Borneo. Al fin, sustituidos por dos españoles, Elcano y Espinosa, éstos se dedicaron a buscar su primordial objetivo, que eran las Islas de las Especias. Cuando al fin recalaron en Tidore (Molucas) se encontraron con una fabulosa cantidad de clavo. Las especias eran tan valoradas en Europa, que los que regresaron se hicieron riquísimos.

“En los años 1520 y 1521 ocurrieron dos fenómenos consecutivos de El Niño, que alteraron en sentido favorable las condiciones de navegación por el estrecho de Magallanes y el Pacífico Sur”

¿Cuál es el momento en que surge la idea de dar la vuelta al mundo?

Quedaban dos naves, la Trinidad y la Victoria. Sus capitanes, Elcano y Espinosa, optaron por dos vías de regreso: por el este y por el oeste. Estaban prácticamente en las antípodas. Espinosa fue por el este, hacia América, y Elcano hacia el Oeste, por el Índico y el Atlántico. No hubo discusión, sino acuerdo: había que apostar por la suerte, una suerte imprevisible. Ambos navegantes se despidieron abrazados y llorando. Consta que Pigafetta, que iba en la Trinidad, se pasó a la Victoria, porque se daba cuenta de que así daría la vuelta al mundo. Elcano triunfó tras una fabulosa aventura. Espinosa caería en manos de los portugueses (la Trinidad se hundió), pero acabaría en España, en 1527.

Elcano sale de Timor y llega a Cabo Verde tras una navegación de 5 meses sin tocar tierra por una ruta nueva. Háblenos por favor de lo que representa esa ruta en la historia de la navegación.

La vía del Oeste exigía navegar por el Índico y el Atlántico. No era más peligrosa que la otra, pero el problema consistía en que era la ruta utilizada por los portugueses, que iban a la India y Malaca. De aquí que no pudiera recalar en tierra alguna, y se viera obligado a navegar por el Índico Sur, un océano desconocido hasta entonces. Cinco meses sin ver tierra representan la navegación marítima más larga de la historia. Hizo falta el talento y la capacidad de mando de Elcano para que aquella hazaña fuera posible.

Tres años después de su salida llegan a Sevilla 18 famélicos supervivientes. Elcano escribe al emperador. ¿Qué destacaría de esa carta?

El 8 de septiembre de 1522, justo el día en que se celebraba en Triana la fiesta de Santa María de la Victoria, llegaba la nao del mismo nombre al Puerto de las Muelas, del cual había salido tres años y un mes antes, ahora tras haber dado la primera vuelta al mundo, tripulada por 18 famélicos supervivientes. Ese mismo día escribe Elcano una larga carta al emperador Carlos relatando la fabulosa aventura y destacando que, en medio de tantos increíbles acontecimientos, “lo más importante es que hemos dado la vuelta al mundo”. Elcano comprende la trascendencia del hecho y lo destaca al emperador. No deja de ser un reconocimiento de aquella realidad suprema después de tan infinitos avatares.

Las especias que cargaba la Victoria amortizaron con creces los gastos de viaje y les hizo ricos. ¿Por qué era un producto tan cotizado?

La pimienta, la canela, el clavo, la nuez moscada, eran condimentos que proporcionaban un saborcillo especial a los alimentos de entonces. Resultaban caros porque en su mayor parte necesitaban ser traídos de muy lejos. Y la gente, especialmente la gente distinguida, les concedía un valor enorme. Digamos que era un tópico de aquellos tiempos. ¿Acaso no es un tópico, aun en el siglo XXI, conceder un valor enorme al oro, un metal que apenas tiene aplicaciones prácticas, pesado, quebradizo, mal conductor del calor y de la electricidad?

Antonio Pigafetta, uno de los 18 que llegan a Sevilla y “cronista oficial del viaje no cita ni una sola vez a Elcano en el texto que se conserva de su relato. ¿Por qué? ¿Cree posible que en el texto original que entrega al emperador si citara a Elcano?

No sabemos que existiera entre ellos ningún motivo de disgusto. Lo que sí resulta evidente es que Pigafetta adoraba a Magallanes. Basta ver la cantidad de adjetivos que le dedica con ocasión de su muerte. Y Magallanes nunca se llevó bien con Elcano. No le nombró capitán, a pesar de sus excepcionales cualidades, sino tan solo maestre. Parece lógico que Elcano estuviese cuando menos un poco resentido contra Magallanes. En la conspiración del Puerto de San Julián -que no llegó a estallar, porque Magallanes la descubrió a tiempo- participó Elcano, aunque no quiso comprometerse demasiado. Sin duda Pigafetta se enteró de algo. En ningún momento insulta a Elcano, pero se permite la venganza de no mencionarle siquiera cuando el de Guetaria se convirtió en jefe de la expedición y artífice de la vuelta al mundo.

Entiende usted que es estúpido contraponer las figuras de Magallanes y Elcano: ambas fueron complementarias y necesarias. Pero al mismo tiempo señala como las historias escritas por no españoles suelen reconocer a Magallanes todo el mérito del viaje incluido el hallazgo de las Islas de las Especias que no encontró y la vuelta al mundo que no realizó ni jamás había pensado hacerlo.

Claro que es estúpido. Sin Magallanes, Elcano no hubiera dado la vuelta al mundo; tal vez como navegante, más mediterráneo que atlántico hasta aquel momento, no hubiera pasado a la historia. Su papel se consagra, más que a la muerte de Magallanes, meses después, cuando, fracasados los sucesores de aquél -por cierto también portugueses, probablemente por el favoritismo del jefe hacia sus compatriotas- quedaron Espinosa, como maestre de la Trinidad, y Elcano, como maestre de la Victoria, directores de la expedición. Respecto de estos últimos, pese a cuanto se ha dicho, nada demuestra que se llevaran mal. Si al final acordaron que uno regresaría por Oriente y otro por Occidente, no fue por rivalidad, sino para repartirse la suerte; consta que se despidieron abrazados y llorando. Espinosa terminaría en manos de los portugueses repatriado más tarde-; Elcano navegaría por el Índico y el Atlántico. Curioso: el poco amable con Elcano Pigafetta, se traspasó de la Trinidad a la Victoria, sabiendo que así daría la vuelta al mundo.

¿Quizá por eso el nuevo Centro a construir en Sevilla en la Real Fábrica de Artillería según lo publicado en prensa lleva solo el nombre de Magallanes?

No lo sé. Tal vez Magallanes resulta más eufónico. Quede claro una vez más que Magallanes jamás pensó dar la vuelta al mundo, ni la dio. No restemos méritos al portugués, que los tuvo y eminentes, pese a su mal genio y autoritarismo. Con todo, el héroe de este Quinto Centenario es Juan Sebastián Elcano.


Perfil

José Luis Comellas es catedrático, profesor emérito de la Universidad de Sevilla y uno de nuestros más prestigiosos historiadores. Ha publicado entre otros, Historia de España moderna y contemporánea, Historia breve del mundo contemporáneo, Historia sencilla de la ciencia, Historia de los cambios climáticos o Guía del firmamento y astronomía.