“Siempre estoy dispuesto a escuchar al otro”


Con 300.000 ejemplares vendidos, 28 ediciones y traducida a 10 idiomas, su novela La península de las casas vacías (Ediciones Siruela) se ha convertido en uno de los best sellers de los últimos años. En esta entrevista David Uclés (Úbeda, 1990), que acaba de ser galardonado con el Premio Nadal de novela por la obra La ciudad de las luces muertas, nos habla de su proceso creativo y de cómo el éxito de La península cambió su vida.


Una de las cosas que me resulta más curiosa, porque nosotros somos opositores y sabemos lo que es estar durante muchos años haciendo lo mismo, es el proceso de creación del libro, que ha sido muy largo, pues has necesitado muchos años para documentarte. ¿Cómo ha sido ese proceso?

Cada año lo retomaba, lo reescribía y, ante la negativa de las editoriales, lo apartaba, me frustraba, y luego retomarlo era muy difícil porque son muchísimos personajes, toda la guerra debía tenerla muy fresca. Además, en ese año y medio que lo has apartado te pasan cosas, te casas, te divorcias, te mudas…, y meterte de nuevo en el libro era tedioso. Por ejemplo, me mudé a París un año y no escribí nada, y tenía todo para escribir, tenía un pisito tranquilo, tenía mucho tiempo, pero iba procrastinando, y al año siguiente en Los Alpes ya allí sí me puse a escribirlo. Hay similitudes con el trabajo de escribir una tesis doctoral o de prepararte unas oposiciones. De hecho, hubo un momento en el que fui a una universidad gallega para hacer una tesis, porque como no me lo publicaban, me dije, pues hago una tesis, porque tenía mucho material. Y le dije al director de la tesis –tenía 33 años–: «voy a esperar a los 35».

Por otro lado, puedes decir que el resultado final es mucho mejor también después de tantos noes; no sé si una editorial te dice por qué no le interesa determinada propuesta…

Normalmente no te dicen nada. En quince años me contestaron pocas, y con un feedback mínimo. Me decían a menudo que el realismo mágico no vendía y que ya se había escrito mucho sobre la Guerra Civil. También me decían que habían cogido ya a muchos escritores jóvenes y no podían arriesgarse. Yo les comprendo, el mercado está super saturado, y es una burbuja, demasiadas historias, demasiada producción, 70.000 libros al año…, y en algún momento estallará.

“Deconstruir la realidad y hacer una imagen onírica me fascina, me da la vida, y cuando llego a una imagen que yo considero preciosa, me alegra el día”

Y sin embargo uno de los grandes aciertos es precisamente la forma, porque sobre la Guerra Civil se ha escrito ya mucho, pero lo verdaderamente interesante de tu novela es eso, es la forma en la que cuentas la historia, el realismo mágico. ¿Por qué esta forma de narrar?

Surge de manera natural, espontánea. Cuando escribo, escribo en ese estilo. Pero yo creo que lo que lo hace más particular respecto al resto de producción en torno a la guerra es que cuenta toda la guerra en una sola ficción con los mismos personajes, y eso no se había hecho; se había hecho en ensayo, o ensamblando relatos, pero no en una novela. Yo quería hacer una épica española, esa era mi primera intención hace 17 años, por eso el protagonista se llama Odisto, de Odiseo. Esa era mi obsesión, y la guerra me vino bien como épica. Yo no era militante. Luego ya quise hacer memoria democrática y querer hablar sobre el tema, pero al principio no tenía esa intención.

Al no ser un militante, entiendo que eso es lo que te permite tener una visión muy amplia sobre la Guerra Civil. No hay una verdadera postura respecto a ninguno de los dos bandos, sino un cierto equilibrio entre las atrocidades que se cometieron en un sitio y en el otro.

Tengo una ideología política, soy un animal político, pero no soy militante, siempre estoy dispuesto a escuchar al otro. Me fue muy fácil escribir sobre la guerra porque no tenía una visión dogmática o un relato construido. No es que haya querido ser equidistante, lo que he hecho es señalar todos los males. Lo que pasa es que cuando uno señala todos los males, si lo hace bien, en el sentido de los datos, pues puede surgir cierta objetividad, y es lo que yo he intentado. Señalar todo, ponerlo todo, y que el lector juzgue. Yo sí pienso que hubo más atrocidades por parte de unas élites políticas que de otras, pero eso ya es tarea del lector considerarlo, yo siempre considero que el lector es inteligente y autónomo.

Sofía Puente y David Uclés.

El realismo mágico parte de una imaginación desbordante: los cuerpos que se deshacen, las jarras de agua que son despertadores…, ¿todo esto cómo se hace?

Me sale solo, es como si le preguntas a Dalí por qué dibujaba esos mundos oníricos, pues porque le salían así, le parecían bellos…

Pero hay trabajo también en ello.

Hay trabajo pero sobre todo hay placer. Porque deconstruir la realidad y hacer una imagen onírica me fascina, me da la vida, y cuando llego a una imagen que yo considero preciosa, me alegra el día. Las jarras de agua, por ejemplo, cuando viene esa idea, la celebro y la veo bonita y la armo. Era el estilo de mi anterior novela, de esta y de la que viene también. Me gusta desarmar la realidad, emplear alegorías.

“El éxito es muy bonito pero es mucho trabajo. Estoy todas las horas del día dedicado a La península, todas. Me tengo que obligar a apagar la mente por la noche”

“Bueno estaba y se murió”, es una frase muy presente.

A mí me gusta mucho decir refranes o frases hechas. Digo mucho, cuando me despido de la gente, “id con Dios”.

Tú también eres músico. Nos invitas a leer algunos pasajes de la novela con músicas. Eso nos habla también de un lector muy del siglo XXI, que tenga un Spotify para poder escuchar esto, o YouTube.

Son piezas de música clásica anterior a los años 30. El lector que tenga conocimientos de música, seguro conocerá las piezas. El recurso de la música me parece muy bonito, no agotar al lector con piezas continuamente, pero de vez en cuando indicarle que escuche algo determinado con un episodio, que está además pensado para que dure lo mismo que la canción. Permite una lectura más tridimensional, más cinematográfica.

Hace dos semanas me compré un armonio. Tengo un arpa, un acordeón, una guitarra portuguesa, pianos…, cada equis tiempo me gusta aprender a tocar un instrumento de oído.

Eres entonces autodidacta…, no has estudiado solfeo…

Nada, no he estudiado ningún arte, tampoco literatura.

Sofía Puente y David Uclés.

Yo he escuchado la música que recomiendas y realmente es como una película. Le aporta épica y realismo a la novela.

Hay una pieza que se ha convertido en el símbolo del libro, que es el Andante festivo de Sibelius. Es una escena que es muy satélite, cuando los niños lanzan una lámpara al cielo y el narrador les pone una pieza de música al oído. Van a hacer la serie, y yo creo que va a ser también el tema de la serie. Una melodía melancólica.

Premios, reconocimientos…, estás en todos los sitios, en la radio, en la tele, te entrevistan los mejores periodistas de este país, tu libro lleva 25 ediciones…

Hemos vendido 300.000, y eso que si el libro lo hubiera publicado hace 10 años, o15, habrían sido casi 1 millón, pero ahora se vende menos. Hoy se dice que si un libro vende 2.000 ejemplares, ya es un éxito. Con 5.000 ya te quieren cazar las otras editoriales.

Eres entonces el hombre objeto de deseo de las editoriales, ¿o tú vas a permanecer fiel a Siruela?

Yo he publicado tres libros y cada uno está en una editorial. Lo que intento es que el libro encaje con cada editorial. Y el siguiente que publicaré, me gustaría que fuera con Siruela, porque estoy muy a gusto con ellos.

¿Cómo vives el éxito?, porque se te ve una persona normal, humilde, en definitiva, ¿qué ha supuesto esto para ti, aparte de tener la vida tan ocupada?

El éxito es muy bonito pero es mucho trabajo. Estoy todas las horas del día dedicado a La península, todas. Me tengo que obligar a apagar la mente, por la noche. Me acuesto tarde, a las dos o a las tres. Yo no sabía que el éxito conllevaba tantas cosas: he hecho un podcast en La Ser, he estado colaborando en otro programa, me han ofrecido presentar un programa en La 1, que no lo voy a hacer, los artículos periódicos, las traducciones, quiero presentarla en cada país, los prólogos… Y estoy con antidepresivos y ansiolíticos cuando voy a dar una charla si tengo 500 personas delante.

“Al no ser un militante, entiendo que eso es lo que te permite tener una visión muy amplia sobre la Guerra Civil. No hay una verdadera postura respecto a ninguno de los dos bandos, sino un cierto equilibrio entre las atrocidades que se cometieron en un sitio y en el otro”

Es un gran cambio de vida.

Mi vida antes era nómada y solitaria. Nunca había tenido smartphone. La editorial me obligó. Nunca había tenido jefe. Ahora tengo tres. La agenda llenísima hasta 2027.

Imagino que te dará ansiedad que te pregunten por lo siguiente. En verano leía a Héctor Abad Faciolince, que tuvo también un petardazo con El olvido que seremos, y hablaba de ese proceso del escritor de éxito al que le toca volver a escribir. ¿Vuelves al realismo mágico?

Sí, lo que no voy a hacer es volver a escribir nada bélico. Seré fiel a mi estilo. Y si no tiene éxito me dedico a otra cosa, me cojo el acordeón y me voy a Praga. El sueño que me relaja es estar solo, sin conocer a nadie, en Praga y con mi acordeón en un puente. Estoy muy acostumbrado a reinventarme. Me he mudado cada año de sitio, y estoy muy acostumbrado a irme a un país extranjero y empezar de cero, donde no conozco nada, ni el lugar ni el idioma, ni amigos, y empezar allí de cero, eso me fascina, para mí eso es vivir.

¿Cómo se produce el sí de la editorial?

Eso se lo debo al editor de ficción, a Julio Guerrero, que además fue el mismo editor que descubrió a Irene Vallejo con El infinito en un junco. El mismo proceso: le llega un jueves y el lunes nos llama, tanto a Irene como a mí, y nos dice que nos compra el manuscrito. Solo cuatro días después. Julio es muy buen editor, un hombre muy tímido, que no se prodiga, no ha hecho nunca una entrevista… Fue una agente que no me contrató, porque ya tenía muchos autores jóvenes, pero me dijo que se lo iba a dar a un amigo suyo, el manuscrito, y ese amigo era Julio.

¿Te han llegado noticias de algún editor que se haya arrepentido de haberte dicho que no?

Todos se arrepienten alguna vez en este oficio. He leído hace poco que Barral tuvo el manuscrito de Cien años de soledad y dijo que no, y se arrepintió toda su vida. Pero creo que no hay que martirizarse mucho. Yo les entiendo, pues llegan tantos manuscritos, tantos, de todos lados…

Has leído a todos los grandes autores que han escrito sobre la guerra, ¿cuándo empiezas a documentarte?

A mitad de camino, en 2016, 2017. Recuerdo que estaba en Plaza de España y el primer libro que compré, no por ideología, sino porque era el que estaba más presente en librerías, fue el de Paul Preston, La Guerra Civil Española. Yo ya tenía un montón de personajes de los años 30.

Pero no he vuelto a leer la novela, me da miedo leerla. Y ahora, Aitana Sánchez Gijón ha hecho el audiolibro, y me cuesta incluso escuchar algún fragmento.

¿Se han reeditado tus anteriores libros?

Sí. La anterior vendió en su día solo 800 ejemplares. Y creo que a quien le haya gustado esta, la anterior, que es Emilio y octubre, le va a gustar.

Nosotros tenemos un amigo que reivindica también, como tú, la visera, la boina, como la que llevas ahora.

Yo la empecé a utilizar por estética, por rebeldía cuando era pequeño. En el campo andaluz, a los 15 años, cuando me insultaban por tener pluma, por ser gay…, la gorra era una manera de decir: es mi cabeza y me pongo lo que yo quiero. Además, siempre se ha llevado sombrero. Y ahora, hay algo más, y es que me ayuda mucho, me cubre, me protege. 


DESTACADOS REPRESENTANTES DE LA POLÍTICA Y LA ADMINISTRACIÓN pudieron conversar con el flamante Premio Nadal de novela en un encuentro organizado por la revista Registradores donde el autor de La península de las casas vacías firmó ejemplares de su obra. Uclés departió con los asistentes y destacó que “me fue muy fácil escribir sobre la guerra porque no tenía una visión dogmática o un relato construido. No es que haya querido ser equidistante, lo que he hecho es señalar todos los males”. 

Sofía Puente