Mal comienzo el de este 2026. Otra vez Donald Trump. Otra vez en medio de la Navidad. Otra vez una patada a la legalidad.
Bombardear, invadir y secuestrar no parece el mejor método para exportar una democracia. De hecho, no hay nada en la decisión del presidente de los EE.UU. que tenga que ver con la defensa de los derechos humanos, sino más bien con el petróleo, el poder y el control de los recursos naturales de Venezuela.
El secuestro de Nicolás Maduro es sólo el principio de lo que parece que está por llegar. Esto no parece que vaya a acabar en territorio venezolano ni con una transición dirigida desde Washington con la tétrica Delcy Rodríguez como presidenta títere de Trump.
La llamada doctrina Monroe, rebautizada por Trump como Dan-Roe, busca que las potencias europeas no operen en los asuntos de América, lo que justificaría el intervencionismo de Estados Unidos en lo que considera su patio de vecinos. Dicho de otro modo: Trump se ha erigido en el sheriff del hemisferio para evitar la presencia de China, Rusia e incluso Europa en la zona. Tiene el ejército más poderoso del mundo y se ha conjurado para proteger sus intereses y sus fronteras.
Si hoy es Venezuela, mañana puede ser Cuba, México, Colombia, Groenlandia y quién sabe si no volverá a fantasear con anexionarse Canadá. Y todo tiene que ver con China, que es con quien EE.UU. libra el gran duelo del siglo XXI para que Latinoamérica no vea en Pekín la alternativa al unilateralismo de Trump.
La llamada doctrina Monroe, rebautizada por Trump como Dan-Roe, busca que las potencias europeas no operen en los asuntos de América, lo que justificaría el intervencionismo de Estados Unidos en lo que considera su patio de vecinos. Dicho de otro modo: Trump se ha erigido en el sheriff del hemisferio para evitar la presencia de China, Rusia e incluso Europa en la zona. Tiene el ejército más poderoso del mundo y se ha conjurado para proteger sus intereses y sus fronteras
La primera víctima de todo esto es el Derecho internacional, pero habrá más. Trump seguirá hundiendo lanchas en cualquier parte del mundo, con cualquier excusa y con métodos al margen de las normas internacionales. Nada ni nadie le detendrá en su delirio imperialista. Por eso resulta trágico que en un momento de incertidumbre global, la derecha española, lejos de consensuar una posición de país, haya visto en todo ello solo una manera más de desgastar al Gobierno de España. Eso sí, del entusiasmo por el secuestro de Maduro mutó a la perplejidad cuando Trump sepultó a la laureada María Corina Machado para pilotar el futuro de Venezuela.
Y ahora, colgados de la brocha de la exaltación inicial, los populares son víctimas de sus propias contradicciones y de su frustración porque Sánchez siga en La Moncloa. No son tiempos, los que se avecinan, para conducir con las luces cortas y pensar en el cortoplacismo. Lo que está en juego es mucho más que el signo político de un gobierno. Es el orden internacional y es el regreso al siglo XIX. Pero la ceguera voluntaria de la calle Génova sigue sin verlo. Como no ve tampoco que Trump con quién cuenta para sus dislates habituales es con la ultraderecha europea que recela de las instituciones comunitarias y no con las derechas tradicionales.
Esther Palomera











