“Estaba deseando volver a sentir el rock and roll de estar en un escenario, con el público en directo, y volver a sentir su calor y sus carcajadas”


De niña soñaba con ser una “chica Hitchcock”, y cumplió su sueño interpretando a Clara en la serie Velvet. Ella es sólo una de las muchas mujeres que Marta Hazas ha interpretado en la pantalla o sobre un escenario. La pandemia interrumpió su presencia en las tablas y durante un tiempo sólo hemos podido verla en el cine o la televisión, pero ahora regresa al teatro con Un matrimonio sin filtros, una comedia que protagoniza con su marido, Javier Veiga, y que ambos producen.


Cómo se siente al volver a subir a un escenario después de cinco años?

Tenía muchas ganas de volver a pisar las tablas. Mi último trabajo teatral fue Si no te hubiese conocido, de Sergi Belbel, junto a Unax Ugalde, que estrenamos en 2018 y con la que estuvimos hasta 2019, pero la pandemia me hizo parar. Ha sido un parón largo y ya estaba deseando volver a sentir el rock and roll de estar en un escenario, con el público en directo, y volver a sentir su calor y sus carcajadas, porque esta es una comedia que está siendo muy bonita de interpretar.

En la función, Javier Veiga y usted interpretan a un matrimonio que quiere separarse. Ser pareja en la vida real ¿supone una ventaja o un inconveniente para dar vida a esta ficción teatral?

Sin ninguna duda, trabajar con alguien con quien tienes mucha confianza siempre es una ventaja. Y, en este caso, además, se suma que nos conocemos muy bien y que hemos trabajado mucho juntos, lo que es un plus añadido. Por otro lado, interpretamos a dos personajes muy alejados de nosotros y eso es muy divertido, porque nos permite jugar más.

¿Se siente bien tirándole los trastos a la cabeza a su marido en el escenario? 

La verdad es que sirve de desahogo. Así, uno ya llega discutido a casa y todo resulta mucho mejor y más fácil, porque no tienes ganas de broncas ni cornadas (risas).

En su opinión, ¿cuál es el secreto para tener un buen matrimonio?

Yo no creo en eso de que los polos opuestos se atraigan. Creo que, al final, lo que de verdad funciona es que se compartan cosas: ocio, inquietudes… Poder crecer juntos como personas y como pareja; que esa persona sea en la que piensas cuando te pasa algo bueno, que sea a ella a quien quieres contárselo; y, por supuesto, pasarlo bien juntos es indispensable.

Fotos: Javier Pérez García

El móvil es un personaje más en la función, ¿cree que éste podría ser el motivo del fracaso de una relación?

Quizá no suponga el motivo principal de una ruptura, pero sí creo que puede ser un detonante. Creo que los móviles son agudizadores de problemas, porque les dedicamos un tiempo excesivo; las pantallas nos absorben demasiado, hasta el punto de que muchas veces descubrimos que estamos en pareja o con amigos y cada uno está mirando la suya, y eso es ridículo. 

¿Cómo es su relación con este aparato?

He de confesar que dedico demasiado tiempo a ese aparatito. A veces, miro el tiempo de uso y tengo una media semanal de unas cinco horas, y me echo las manos a la cabeza. Aunque en mi defensa he de decir que todo lo hago con el móvil, incluso edito vídeos, y ya no uso el ordenador; pero, después de hacer esta función, he tomado conciencia e intento reducir el tiempo que paso con él y, sobre todo, lo dejo de lado cuando estoy con otras personas.

Los artistas, por vuestra popularidad, estáis más expuestos en las redes sociales. ¿Cómo es su relación con ellas? ¿Alguna vez se ha visto influenciada o afectada por lo que dicen en las RRSS?

No demasiado. Pero te mentiría si dijera que las críticas absurdas y gratuitas no me afectan. En el momento, me molestan y enfadan, pero me dura un segundo y procuro pasar de ellas y no responder. Sin embargo, lo que sí he notado es que, ahora que los medios están sometidos al clickbait y se buscan los titulares llamativos, mido mucho más lo que digo a la hora de abordar una entrevista, porque luego las cosas se sacan de contexto, se comparten titulares en redes sociales y se critica sin conocer de dónde proceden esas palabras. Eso nos limita, vas con pies de plomo; ya no hay hueco para la ironía, para una conversación distendida, para arriesgar, para dar una opinión. Y creo que eso le pasa a la mayoría de mis compañeros.

Para usted, ¿qué emociones son las más difíciles de interpretar?

Me resulta más fácil interpretar personajes que están muy alejados de mí; cuanto más, mejor, porque hay una distancia con ellos que me permite no juzgarles y sí jugar más, y eso es, al fin y al cabo, la interpretación. Los ingleses lo expresan muy bien con su “play” (jugar). No obstante, si hablamos de hacer reír o de hacer llorar, para mí es más fácil lo segundo, porque la comedia es matemática pura en cuanto al ritmo, mientras que el drama me permite fluir y tirar más de improvisación. Y, si hacemos referencia a personajes, creo que son más difíciles cuanto más normales y cotidianos resultan. A mí me ocurrió con Sara en la serie Días mejores, donde se hablaba del duelo y la salud mental. Tuve que ser muy honesta y trabajar con las tripas y el corazón para poder interpretarla de forma creíble. A nivel interpretativo fue todo un ejercicio de aprendizaje y me encantó.

Con personajes como el de Sara, ¿resulta más difícil desprenderse de su piel al bajarse el telón o apagarse las cámaras?

Cuando pasas muchas horas metida en la piel de un personaje, sobre todo si se trata de uno muy emocional, es inevitable llevarte algo de él contigo, el cuerpo se te queda algo raro. Pero yo procuro dejar su piel en el camerino o en el set y seguir con mi vida. El “to play” de los ingleses lo llevo grabado a fuego; creo que es más sano.

“Me resulta más fácil interpretar personajes que están muy alejados de mí, porque hay una distancia con ellos que me permite no juzgarles y sí jugar más, y eso es, al fin y al cabo, la interpretación”

De todos los interpretados hasta ahora, ¿cuál es su personaje favorito?

Es muy difícil elegir uno solo; todos tienen algo especial para mí. Pero, sin duda, Clara, de la serie Velvet, ha sido uno de mis favoritos. Siempre había soñado con ser una chica Hitchcock: esas rubias de las películas de los años 50 que yo veía con mis abuelos cuando mis padres me dejaban en su casa los fines de semana, tipo Tippi Hedren, y Clara supuso cumplir ese sueño, por eso es un personaje muy especial para mí. Pero también me han marcado la Sara de Días mejores o la loquita excéntrica de Laura Montenegro que interpretaba en Gran Hotel. Y, por supuesto, sin lugar a dudas me quedo con Sara Reeves, la Bandolera, porque interpretar a una mujer de acción como ella fue para mí un sueño.

¿Y hay algún personaje que sueñe con interpretar, que esté en su lista de deseos?

He ido cumpliendo muchos de mis deseos de personajes, pero me fijo más en las historias que cuentan. Me gustan los guiones que cuentan historias que yo como espectadora querría ver, que me mueven y hacen que quiera contarlas, porque es lo más que tu trabajo pueda ayudar a los demás. Ahora, también te digo que me gustaría volver a hacer un personaje de acción.

¿Cómo son esas historias que le gustaría contar?

Me gustan las que me hacen reflexionar o las que me hacen reír y me entretienen. Aquellas que, cuando prepare el personaje, me hagan pensar en cómo reaccionaría yo si me pasara eso a mí, que me abren los ojos a otra realidad, a otra perspectiva diferente a la mía.

¿Tiene algún ritual antes de salir al escenario?

Suelo cambiarlos; depende del proyecto en el que esté trabajando. Habitualmente, compruebo que la escenografía, el vestuario y los objetos que voy a manipular en el escenario estén en su sitio antes de empezar. Además, suelo santiguarme. Es algo que he visto hacer a muchos actores veteranos desde que empecé a trabajar en el teatro y, aunque no soy especialmente creyente, lo hago como si fuera algo psicomágico.

Próximos proyectos a la vista.

Hasta junio, estaremos en el Teatro Maravillas de Madrid con Un matrimonio sin filtros. De momento, el arranque de temporada ha sido muy bueno y hemos colgado el cartel de “no hay entradas” en varias funciones. También tengo pendientes de estreno tres películas: el thriller La cuidadora, de Álex de la Iglesia, con Carmen Maura y Blanca Suárez; la comedia 2 + 2, de Gracia Querejeta; y otra de Mar Olid, con Salva Reina y Kira Miró. Además, el año que viene tengo en proyecto el rodaje de una serie, así que, no me puedo quejar. 


Javier Veiga y Marta Hazas en Un matrimonio sin filtros.

TEST RÁPIDO

¿Cómo se definiría?

Diría que soy una falsa optimista, porque intento estar siempre alegre y ver el lado positivo a todo, pero cuando las cosas me van muy bien me entra el miedo a perderlas. Además, soy trabajadora y muy tenaz.

¿Cuáles son sus principales aficiones?

Me encanta el cine y todo lo que tiene que ver con mi profesión. En ese sentido, soy bastante adicta al trabajo. Y también me gusta jugar al pádel, al baloncesto; me gusta viajar; y me encanta la gastronomía, pero como gourmet, para degustarla, no cocino nada.

Una fobia o una manía inconfesable.

Puede sonar absurdo, pero me dan pánico las estatuas, sobre todo las colosales o que tienen movimiento. Mi peor pesadilla sería vivir la secuencia de La dolce vita en la que Anita Ekberg se baña en la Fontana di Trevi. De hecho, en Roma lo pasé mal; salí entre llorando y riendo de los Museos Capitolinos, porque estaba muy agobiada.

Una lección importante que la haya dado la vida.

Que lo importante es el aquí y el ahora. Y que es importante rodearse de gente buena y positiva, porque rodearse de personas que no reman a favor desgasta mucho.

Algo que le haga reír.

Los chistes malos y, aunque parezca un poco mala, no puedo evitar reírme con las caídas tontas en las que a la gente no le pasa nada.

¿Con qué personaje histórico le gustaría compartir mesa?

Aunque no se trate de un personaje histórico, porque aún sigue vivo, me encantaría sentarme a la mesa con Joaquín Sabina, sería un sueño. Y, de entre los históricos, creo que sería muy interesante poder charlar con Cleopatra.  

Gema Fernández