«El ideal de Concepción Arenal era siempre la búsqueda del consenso”


Por su amena e interesante obra Concepción Arenal. La caminante y su sombra, Anna Caballé, profesora de literatura española en la Universidad de Barcelona y presidenta de la asociación Clásicas y Modernas, en defensa de la igualdad de género en la cultura, obtuvo el Premio Nacional de Historia 2019. En ella rescata del olvido a una importante pero apenas conocida pensadora y activista, a la que llega a equiparar a Santa Teresa de Jesús. Y de quien celebramos en este año el 200 aniversario de su nacimiento. 


Qué aspectos considera más importantes de la obra de  Concepción Arenal?

El que ha resultado más sorprendente para mí ha sido su pensamiento filosófico. Arenal era una intelectual, en el sentido de que no concebía la vivencia de algo sin la reflexión, la maduración y la escritura. La lástima es que no pudiera dedicarse plenamente a la ética, que es el sentido, casi obsesivo, que da a todo lo que hace. En todos sus libros, las primeras páginas siempre están dedicadas a la epistemología del problema que va a tratar, empezando por uno de sus primeros libros, El visitador del pobre, un libro concebido como una especie de guía destinada a las visitadoras de San Vicente de Paúl. Empieza el libro con una pregunta: ¿qué es el dolor? Porque entiende que si no se tiene, de alguna forma, la experiencia del sufrimiento a la persona le será imposible ofrecer algún tipo de consuelo a los que lo necesitan. Solo dirá obviedades. Siempre parte de preguntas que tienen que ver con los fundamentos de lo que va a tratar. Por ejemplo, cuando escribe su ensayo sobre las ideas de Feijoo también se hace una pregunta: ¿cuándo empieza la posteridad para un hombre? Arenal, aunque siempre destina, en todos sus libros, un espacio a las mujeres, cuando escribe en clave filosófica lo hace de acuerdo con el lenguaje de la época y habla siempre del hombre. Hoy hablaríamos del ser humano. 

Ha sostenido usted que Concepción Arenal es una pionera del feminismo. ¿Por qué?

En primer lugar porque es la primera autora española en teorizar sobre la difícil situación de la mujer. Lo hace en dos ensayos, La mujer del porvenir (1969) y catorce años después escribe un segundo ensayo La mujer de su casa, en 1883, que es el reverso del anterior, en el sentido de que si en el primero trata de la mujer del futuro,  en el segundo aborda la necesidad de que el ama de casa cambie sus expectativas y se abra al mundo de las ideas y del compromiso político. Arenal se daba cuenta de que no bastaba con que las instituciones comprendieran que la mujer debía evolucionar al ritmo en que lo estaba haciendo el progreso del mundo, también las mujeres debían ensanchar su mente. “Mujeres, pensad” era su lema. Nadie en su tiempo, y en España, claro, se había atrevido a enfrentarse tan claramente al concepto clásico de la femineidad. Ella veía esa femineidad como una prisión, un lastre del que las mujeres debían desprenderse para desarrollar un nuevo modelo femenino más libre y  basado en la equidad con el varón. De ahí que ella detestara toda la indumentaria femenina tan típica de su tiempo -corsés, miriñaques, sombrillas, plumas, abanicos, calzado con el que era  imposible dar cuatro pasos, etc.- y vistiera con gran severidad. Pero, paradójicamente, se sentía mucho más libre. Mucho antes que Coco Chanel, Arenal comprendió que la revolución femenina pasaba por la moda. 

Foto: Ricardo Martín

¿Podemos hablar de Concepción Arenal  como una precursora de lo que hoy conocemos como “Estado del bienestar”?

Bueno… Eso es decir mucho. Pero su libro sobre el pauperismo se centra en distinguir la pobreza de la miseria. Para Arenal nada puede impedir que haya ricos y pobres, pues son muchas las concausas que intervienen tanto en la riqueza como en la pobreza. Su línea roja es la miseria. El Estado es responsable de evitar que los ciudadanos caigan en la miseria. Porque con ella, viviendo de forma miserable, dice Arenal, se pierde el sentido elemental de la dignidad. Y sin dignidad la condición humana del individuo se desvanece. Yo diría, aunque es una pura especulación por mi parte y un atrevimiento, que actualmente sería partidaria de una renta general básica que, precisamente, impidiera caer en la condición de pobreza extrema. En todo caso, sí que defendía que la gestión de  los tres pilares de la vida -vivienda, educación y sanidad– debía corresponder al Estado. Es decir, que debían protegerse los derechos a su acceso. Y, en este sentido, al defender una asistencia sanitaria primaria libre y gratuita, instrucción universal y viviendas protegidas (ella misma se puso al frente de una iniciativa destinada a promover una cooperativa de viviendas obreras en Madrid, en el barrio que hoy conocemos como Pacífico y que en 1876 era tan solo  un gran solar) sin duda Arenal estaba en la línea de una  sociedad no sé si del bienestar pero, en todo caso, más justa. 

¿El conjunto de su obra sobre la reforma de las prisiones tiene hoy vigencia?

De hecho el sistema carcelario actual sigue los patrones arenalianos expuestos en sus Estudios penitenciarios. Por ejemplo, su lucha por distinguir entre la prisión preventiva y la prisión de los ya condenados. Entonces permanecían todos juntos en los mismos espacios y la prisión preventiva podía durar años por la lentitud de la justicia. Arenal se desespera con esta situación y la critica una y otra vez. También defiende las cárceles celulares (el modelo que se siguió después y que, en líneas generales, se mantiene). Defiende la reforma del código penal: no puede ser, dice, que la mujer teniendo muchos menos derechos civiles que el varón, sin embargo, ante la ley penal, se la castigue con la misma e incluso más severidad que al varón (por ejemplo, en los casos de adulterio). Una cosa muy moderna para su tiempo fue la de proponer una mínima formación en leyes en el contexto de la enseñanza obligatoria: “Debería formar parte de la educación el conocimiento del Código Penal, principalmente para aquellas clases que están más expuestas a infringirlo”, dice en sus Cartas a los delincuentes. En el libro, inspirado en su experiencia como visitadora de cárceles se da cuenta de que la mayoría de los presos mantienen una profunda ignorancia sobre lo que está bien y lo que no lo está. Y se dedica a explicar el Código Penal, artículo por artículo, con fáciles historietas que pudieran comprender los presos, en su mayoría analfabetos. Unas semanas después de publicarse el libro la destituyeron del cargo.

“Mucho antes que Coco Chanel comprendió que la revolución femenina pasaba por la moda”

Tres lugares claves en su vida. A Coruña y su relación con la condesa de Mina, Potes y su amistad entre otros con Jesús de Monasterio y Madrid. ¿Qué representó cada uno de estos entornos para  Concepción Arenal?

A estos espacios hay que añadir Gijón, donde transcurre la etapa más fecunda intelectualmente, entre 1876 y 1889. Es también la menos conocida desde un punto de vista biográfico, pero creo que en mi libro he podido reconstruirla, al menos parcialmente. En Gijón no queda nada que la recuerde. 

¿Qué representaron esos entornos? Potes (y la vecina Armaño donde los Arenal tenían la casa familiar) representa el paisaje de su juventud y de su espíritu en formación. Aquel montañoso valle de Liébana, a los pies de los Picos de Europa, será un paisaje que penetrará profundamente en su imaginario. Lo sabemos porque a él vuelve en los momentos de crisis. A Coruña representa su primer contacto con cárceles de verdad, allí se gesta su pensamiento reformista, la necesidad de introducir criterios de humanismo y racionalidad al mundo carcelario, entonces un mundo abandonado de todos y por todos. La amistad con Juana de Vega, condesa de Mina será fundamental para ella. Son dos almas gemelas. Madrid, por su parte, representa muchas cosas. Es por una parte el espacio conyugal, los siete años que vive junto a Fernando García Carrasco, su gran amor, y es, en etapas sucesivas, donde se hace su revista La Voz de la Caridad, única entonces en su género y el intento más importante de tejer una sociedad civil comprometida con el prójimo. Por su parte, el aislamiento de Gijón, adonde llega con su hijo Fernando sin conocer a nadie, a los 55 años, favorece su concentración intelectual. Por eso de Gijón salen sus libros más notables. 

Amiga y colaboradora de Francisco Giner de los Ríos, Fernando de Castro y Gumersindo de Azcárate, los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza. Apunta usted que estos no la reivindicaron y colaboraron en su olvido por el profundo cristianismo de Arenal. ¿Es así? ¿Podríamos incluir a Concepción Arenal como una integrante más, “avant la lettre”, de lo que luego se llamó la tercera España, como el caso de Chaves Nogales y otros tantos?

Francisco Giner, Salustiano de Olózaga, su hermano José de Olózaga, Gumersindo de Azcárate… Todos ellos sentían verdadera admiración por Arenal, una mujer tan ajena a los cánones femeninos de la época y con una mente tan poderosa… El problema no fueron ellos sino lo que la posteridad más inmediata hizo con Arenal. El hecho de que nunca abdicara de sus creencias católicas y de que una vez fallecida no se tomara en serio su pensamiento y ella quedara reducida a su defensa de una mejora de las cárceles, la dejó prácticamente fuera de la historia cultural. Pensemos que las historias del krausismo español solo la consideran muy marginalmente, y López Morillas creo recordar que ni la menciona. Sin embargo, sus ideas coinciden plenamente con el regeneracionismo de Giner o de Azcárate. Victoria Kent y Clara Campoamor la rescataron fugazmente, pero vino la guerra y el franquismo -tan necesitado de un pensamiento católico que oponer a la fuerza de la intelectualidad republicana de los años 20- y la recuperó, pero solo para ofrecer una visión jibarizada de su figura y de su obra. Es muy posible que de haber vivido en los tiempos de la Guerra Civil hubiera engrosado las filas de quienes eran críticos con unos y con otros, aunque su ideal siempre era la búsqueda del consenso. Recordemos como intenta conciliar la confrontación social entre el mundo burgués y el mundo obrero en sus Cartas a un obrero (y luego vendrían las Cartas a un señor), o acercar posiciones entre creyentes y no creyentes (en Dios y Libertad). 

“Concepción Arenal  defendió que la gestión de los tres pilares de la vida -vivienda, educación y sanidad- debía corresponder al Estado”

Concepción Arenal se negó siempre a asistir a los congresos y encuentros nacionales e internacionales a los que fue invitada por sus trabajos. ¿Su carácter colaboró en la falta de reconocimiento a su figura y en el olvido de su obra?

Desde luego no contribuyó a su divulgación. Ella sentía una extraña aversión a la exposición pública. Era una mujer retraída y muy orgullosa.

Va a dirigir este verano un curso sobre Concepción Arenal en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Santander. ¿Nos puede anticipar su eje principal?

La idea es ofrecer una imagen poliédrica del personaje, donde el pensamiento y la acción iban de la mano. Pensemos en algunas de  las mujeres a las que admira: Teresa de Jesús, un ejemplo de pensadora mística y, al mismo tiempo, una mujer de acción, reformadora de la orden carmelita y fundadora de conventos en buena parte de la geografía española; Madame Roland, activa partidaria de la Revolución Francesa, conocida por su gran capacidad para el estudio y su amplitud de miras y  autora de unas memorias en las que apela a la imparcial posteridad para revertir su condena a muerte a manos de los girondinos; Madame de Staël, autora de una novela de culto, Delphine, y de un ensayo sobre la influencia de las pasiones donde resume su pensamiento sobre la felicidad de las naciones, siempre vinculada, según ella, a la libertad y al buen gobierno o Gertrudis Gómez de Avellaneda, una escritora  decidida a llevar a su vida privada la libertad de sentimientos defendida por los románticos, son mujeres que encajan perfectamente en su propia manera de ser. Entonces, la idea es abrir a Concepción Arenal al mundo de su tiempo. 

Enhorabuena por último por el interés de sus artículos en Babelia. El tema es la biografía pero, ¿cuáles son sus líneas maestras?

Muchas gracias… La biografía ha sido un género volcado en la praxis pero que ha generado poca teoría sobre su forma de proceder. Pensemos, por ejemplo, en  la gran riqueza teórica que ha desarrollado la novela: el punto de vista, los personajes, el tiempo, el espacio, la trama… Sin embargo, la biografía ha permanecido al margen de los problemas metodológicos que plantea su escritura. La crítica biográfica, a menudo, se ha centrado en resumir la vida del personaje de que se trate, pero pasando por alto lo fundamental: las fuentes utilizadas, su pertinencia, el punto de vista, la estructura del relato, si hay biografías anteriores, qué se aporta de nuevo, etc. Mi preocupación es ver la escritura autobiográfica desde esa perspectiva teórico-crítica. Quiero decir que lo intento.