Ni hubo respuestas en 2025 ni estamos en camino de que las halla en 2026. Lo más cercano, Europa, y su desesperación por hacer valer su fortaleza moral, su máxima cualidad, ante sus evidentes debilidades frente a los gigantes económicos y tecnológicos. Su esfuerzo por emerger y tener la cabeza fuera del agua, no ofrece aún resultados, frente a los actores que trabajan con denuedo por dirigir el mundo; por las buenas o por las malas. En eso están Estados Unidos, Rusia y China; estos últimos de la mano de India. Se dirime el liderazgo de la economía mundial, lo realmente importante, aunque en la carrera salten por los aires los consensos que hicieron posible evitar los conflictos armados con tratados, diálogo y diplomacia; con la palabra.
El mundo no está en guerra, globalmente, a la manera de las grandes conflagraciones del siglo XX, pero tampoco está en paz. La lucha por la hegemonía económica, sin respeto a las fronteras y con el gran aliciente del control de zonas en absoluto yermas, ha roto los procedimientos establecidos para solucionar las disputas. La era de Trump y Putin ha traído esta forma de hacer. Ha vuelto la incivilizada ley del más fuerte, unida al preocupante giro autoritario en países democráticos.
Por sus obras los conoceréis. La referencia bíblica aproximada puede aplicarse al analizar el crecimiento de la extrema derecha y su influencia en los gobiernos conservadores, o no necesariamente de ese rasgo ideológico. España no es una excepción. La media de esas posiciones escala en el continente hasta el 25% con tendencia a llegar al 30%. La batalla política y cultural, no se libra entre la socialdemocracia y los conservadores y/o liberales; sino entre la derecha y la ultraderecha.
El mundo no está en guerra, globalmente, a la manera de las grandes conflagraciones del siglo XX, pero tampoco está en paz. La lucha por la hegemonía económica, sin respeto a las fronteras y con el gran aliciente del control de zonas en absoluto yermas, ha roto los procedimientos establecidos para solucionar las disputas
Mucho tiene que reflexionar esa socialdemocracia, el socialismo democrático, que se despojó de ataduras autoritarias ideológicas aberrantes desde principios del siglo XX, para levantar el Estado de bienestar y que cambió la faz de una Europa devastada por la miseria y las guerras. Autocrítica y reflexión, ausentes en medio del desconcierto por el avance extremista.
En la Unión Europea, en la de los 27, solo cuatro países tienen gobiernos de esa orientación ideológica de centro izquierda o izquierda socialdemócrata: España, Dinamarca, Rumanía y Malta. Los daneses, con una férrea política frente a la inmigración. La presión de las fuerzas ultraconservadoras para utilizar mano de hierro con la los extranjeros, aumenta inexorablemente y contagia a otras familias ideológicas europeas. En Estados Unidos la vigilancia es sobre latinoamericanos, en primer lugar, seguidos de chinos e indios.
A esta realidad la respuesta no está siendo, de manera general, sino todo lo contrario, una suerte de puertas abiertas de par en par y entrada libre, como se caricaturiza y falsea desde la extrema derecha. No hay duda de que el criterio mayoritario es el de coordinar ordenadamente la inmigración, con criterios de seguridad y políticas integrales de acogida, laborales y educativas.
Aunque se obviaran criterios humanistas y de derechos humanos, solo con atender los estudios económicos más reputados sobre las necesidades de la inmigración, los países concernidos debieran tener ya planes avanzados de entrada e integración. La demografía manda y Europa, también Estados Unidos, no puede mantener sus necesidades y sus aspiraciones de avance sin la aportación de personas de otros continentes. El temor a perder “la identidad” por la llegada masiva de personas con otra cultura, otra lengua, acaso otra religión, sin excluir los rasgos físicos, juega a favor de la demagogia y los populismos.
En este primer semestre de 2026 España será la anfitriona de la cumbre “En defensa de la democracia”, frente a los extremismos. Esta iniciativa de celebración en España, surgió el pasado mes de septiembre en Nueva York impulsada por Brasil, Chile, Colombia, Uruguay y España en el marco de la Semana de Alto Nivel de Naciones Unidas.
Defensa de la democracia y del multilateralismo; la regulación del entorno digital y el combate a la desinformación; y lucha contra las desigualdades, son los tres ejes sobre los que se quiere ahondar en el encuentro en España.
No es fácil predecir su alcance y acogida, aunque esta y otras iniciativas, en las que subyace la defensa de los principios democráticos debieran ser bienvenidas o, al menos, no despreciadas.
Anabel Díez












