Muchas son las incertidumbres económicas del año que arrancamos. Dejamos un 2025 en el que no se ha dejado de repetir que el ritmo de crecimiento ha sido alto: el PIB de España en el tercer trimestre de 2025 avanzó a ritmos de un 0,6% respecto al trimestre anterior, lo que supone una décima menos que la del segundo trimestre de 2025. Y la variación interanual del PIB en ese mismo tercer trimestre fue del 2,8%, de nuevo una décima menor que la del segundo trimestre de 2025.
Todo ello en un contexto en el que se celebran como exitosos déficit públicos de 51.267 millones -año 2024- o de 32.827 millones -segundo trimestre de 2025-. Y en el que se festejan como supuestamente estables y tranquilizadores aumentos de deuda pública de más de 18.000 millones al trimestre (tercer trimestre de 2025) o de medio billón de euros desde el año 2018. Ya hemos rebasado, de hecho, los 1,7 billones de deuda pública.
Y en ese panorama, la economía española encara 2026 en un contexto de crecimiento continuado, pero con crecientes incertidumbres que arrojan dudas sobre su estabilidad a medio plazo. Según las últimas previsiones de organismos internacionales, España seguirá creciendo por encima de la media de la eurozona, aunque a un ritmo moderado. Pero las propias firmas de análisis destacan un riesgo económico cada vez más asociado a factores internos de inestabilidad política y tensiones fiscales derivadas de la ausencia de presupuestos generales del Estado actualizados.
Las previsiones oficiales indican que el producto interior bruto (PIB) español se expandirá en 2026, pero que lo hará por debajo de los niveles de 2024–2025. Y ello mientras que la población se resiente de la pérdida de poder adquisitivo por la fuerte escalada de la recaudación impositiva y las subidas de los precios. Y es que el pago por el IRPF ha crecido en 2025 y sólo hasta noviembre -último dato disponible- un 10,1%, más de 12.000 millones de factura fiscal extra; el pago del IVA lo ha hecho en un 9,3%, más de 8.000 millones adicionales; el de los Impuestos Especiales un 5%, más de 1.000 millones; y el de Sociedades un 5,9%, más de 2.000 millones extra.
Según las últimas previsiones de organismos internacionales, España seguirá creciendo por encima de la media de la eurozona, aunque a un ritmo moderado. Pero las propias firmas de análisis destacan un riesgo económico cada vez más asociado a factores internos de inestabilidad política y tensiones fiscales derivadas de la ausencia de presupuestos generales del Estado actualizados
Todo ello sin contar con el incremento recaudatorio de la Seguridad Social: a fecha de cierre de noviembre, los ingresos por cotizaciones reflejaban una escalada del 6,9 % interanual, hasta alcanzar los 162.032 millones de euros. O, lo que es lo mismo, mostraban un aumento de la recaudación por este concepto de 10.426 millones de euros sobre la obtenida un año antes.
Hay que tener en cuenta que los aumentos salariales por convenio en España en 2025 se han cerrado en una media ligeramente superior al 3% -para los que los disfrutan- y los incrementos de precios han marcado niveles del 3% en noviembre.
La Comisión Europea estima con todo ello un crecimiento para España en torno al 2,3% para 2026, rebajando el 2,9% estimado para 2025. Y eso significa que la economía aún mantiene impulso, pero con un ritmo de expansión más moderado en medio de la desaceleración global y sin que la población haya tenido una sensación de ganancia de poder de compra. Ni hablar ya de los jóvenes en capítulos decisivos como el acceso a la vivienda.
Si a estos elementos se les suma la falta de nuevos presupuestos generales del Estado -lo que genera un contexto de mayor incertidumbre estructural sobre la capacidad de ajuste y planificación a medio y largo plazo- y la fragmentación política y debilidad de alianzas del Gobierno, el resultado es un panorama de creciente exposición a vulnerabilidades internas y externas. Y no nos olvidemos de que la desaceleración de nuestros principales socios comerciales, tensiones geopolíticas y posibles cambios en las políticas económicas globales amenazan con frenar la demanda externa.
Carlos Cuesta












