A veces, cuando tengo que escribir un artículo me vienen a la cabeza algunas canciones. Y en esta ocasión, en la que nos piden que hablemos de lo que pasó el año pasado o de lo que pasará en 2026, me viene un tema que hicieron popular José Feliciano y Ricchi e Poveri, escrito por los italianos Jimmy Fontana y Franco Migliacci, que se estrenó en el Festival de San Remo de 1971 y que quedó en el segundo puesto: “¿Qué será?”. Seguro que ustedes se ponen a tararearla.
Sabemos muchas cosas que van a pasar, están en el calendario, otras nos las imaginamos, y otras nos sorprenderán. Aunque no sé si a estas alturas nos va a sorprender ya algo. Este año, 2026, nos viene repleto de asuntos judiciales, como ocurrió en 2025. Causas y juicios pendientes que afectan al PSOE, al gobierno y a la familia del presidente Sánchez, como el caso de su hermano David y el de su mujer, Begoña Gómez.
Algunos de estos protagonistas, Ábalos y Koldo, pasarán directamente al banquillo en primavera por la trama de las mascarillas. El conocido como “Caso Koldo” sentará en el banquillo del Supremo al exministro de Transportes, José Luis Ábalos, a su exasesor, Koldo García y al considerado comisionista, Víctor de Aldama, con una petición de condena elevada para los dos primeros y mucho menor para Aldama por colaborar con la Justicia, por “cantar”. También en el Supremo se investiga el caso de las cuantiosas mordidas a cambio de adjudicaciones irregulares. Todo presuntamente. Ábalos, Koldo y Cerdán.
Son casos que afectan al gobierno y tras estallar el ejecutivo ha querido hacer “determinadas reformas”, pensando en los afectados, personas cercanas, más que en el ciudadano, que es el fin último de la Justicia. El poder político quiere controlar la Justicia, sea del color que sea, y no cuenta con sus actores, no escucha a los profesionales de la Justicia, no escucha las necesidades. Y eso molesta mucho.
La Justicia ni da votos ni los quita, y los políticos cuentan con ello. En los últimos años han hecho una política para “forofos”, como si de fútbol se tratase. O estás conmigo o estás enfrente. Contribuyen a esa palabra tan de moda, y tan horrible, por cierto, como es la “polarización”. Algo de moda en el mundo entero, y lo digo con tristeza
Juzgados y tribunales siguen colapsados a pesar de la Ley de Eficiencia de Bolaños, que no soluciona nada, más bien lo contrario, dicen fuentes jurídicas. De eficiente sólo tiene el nombre. Se necesita invertir en personal y en cuestiones materiales. También se tiene que invertir para que los fiscales dirijan la instrucción penal en lugar de los jueces, algo que con la situación que tenemos no gusta en gran parte del mundo de la Justicia y, además, no se ve factible.
A final de año, el Consejo General del Poder Judicial cifró en 367 el número de plazas judiciales que deben convocarse cada año en los próximos diez para cubrir las plazas por jubilación y fallecimiento, según su plan estratégico. Y el Tribunal Supremo pidió al ministro Bolaños la incorporación de dos magistrados y seis letrados a la Sala Civil. Solamente esa sala tiene pendiente 25.000 recursos, el 40% de los ingresados.
La Justicia ni da votos ni los quita, y los políticos cuentan con ello. En los últimos años han hecho una política para “forofos”, como si de fútbol se tratase. O estás conmigo o estás enfrente. Contribuyen a esa palabra tan de moda, y tan horrible, por cierto, como es la “polarización”. Algo de moda en el mundo entero, y lo digo con tristeza. No se trata de eso, se trata de trabajar por los ciudadanos, que es para lo que han sido elegidos. Son un servicio público, tienen que buscar el bien común, el bienestar general, con diálogo, para solucionar problemas, para solucionar conflictos. A lo mejor ahora eso es una utopía. La percepción que tenemos es que se toman la política como un servicio para ellos mismos, y que aumente el número de forofos. Parece que lo que buscan son hooligans. Mientras tanto, la vida sigue como puede.
Para finalizar vuelvo al principio, vuelvo a la canción de José Feliciano. Y canto esa parte que dice: “Si sé mucho o no sé nada, ya mañana se verá. Y será, será lo que será…”.
Patricia Rosety










